Beneficios de practicar danza a edades tempranas

“Practicar danza tiene beneficios integrales en nuestro cuerpo” (Sonia González, bailarina y coreógrafa)

Los beneficios de practicar cualquier tipo de danza a edades tempranas son múltiples e integrales, ya que pueden tener un efecto terapéutico en todos los aspectos psicomotores de los niños. Siendo la danza, además, un valor adquirido para todas las parcelas de la vida.

Higiene postural y desarrollo físico

En concreto, y según la bailarina María Doval, quien tiene más de 40 años de experiencia en el mundo de la danza, a través del baile se enseña a los niños a conseguir una buena postura corporal o a corregir malos hábitos posturales, así como también a mejorar los casos de pies planos (siempre que el ejercicio sea regular y prolongado).

Del mismo modo, la bailarina y directora de Scenia Escuela de Danza y Música de Madrid Eva Escoda comparte estas ideas y asegura que los beneficios de todas las disciplinas de la danza infantil son innumerables. Sin embargo, destaca la ayuda que proporciona al desarrollo de la motricidad fina y gruesa, y a la mejora de los reflejos y la agilidad.

Desarrollo socio-afectivo y creatividad

Pero los beneficios no acaban en el desarrollo físico, sino que también proporciona una importante ayuda a nivel mental. María Doval, profesora de Danza Clásica y especialista en formación de niños y jóvenes bailarines, destaca que el baile favorece el reconocimiento de la coordinación del cuerpo, fomenta el sentido de la sensibilidad musical, estimula la atención, contribuye al desarrollo socio-afectivo y emocional, y promueve el equilibrio, la gracia, y la expresión creativa y artística.

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En palabras de María Doval, el papel del maestro es fundamental para que el niño aprenda dentro de un espacio ameno: “La enseñanza del respeto por uno mismo y por los demás, con tolerancia, cariño y comprensión, les ayuda a fortalecer su autoestima y a relacionarse satisfactoriamente con su entorno, a la vez que se desenvuelven en actividades de coordinación, destreza y comunicación, conociendo el cuerpo con sus límites y posibilidades”.

Como complemento a estas características, la profesora de danza Eva Escoda destaca que la práctica dancística en los más pequeños les aporta disciplina, el desarrollo del oído, la expresión corporal, la memoria, mejora las relaciones interpersonales mediante el trabajo en equipo, y desarrolla la creatividad y la sensibilidad.

Beneficios integrales

Por lo tanto, no se puede establecer qué aspectos se potencian o se desarrollan más en el niño, ya que se intenta ofrecer una formación global. Cada niño va despertando sus capacidades consiguiendo enriquecerse en distintas áreas. “Unos adoptan mayor confianza en sí mismos y mejoran notablemente la timidez, otros se sienten fascinados con la belleza de la música, a algunos les encanta crear sus propios bailes, y a otros, en cambio, les motiva saltar y girar”, revela la bailarina y profesora María Doval.

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