El niño en la danza: ¿cómo afrontar el miedo al rechazo?

“El sitio de la danza está en las casas, en las calles, en la vida” (Maurice Béjart, bailarín y coreógrafo)

La aceptación y el respeto dentro del ambiente familiar son importantes para que el niño se sienta libre a la hora de elegir aquello que le gusta. En muchas más ocasiones de las que creemos, los niños se sienten cohibidos y muestran recelo a bailar en público por miedo a que sus amigos, o su entorno, se rían de él. En caso de que así sea, ¿cómo debe afrontar el niño esta situación?

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Alta autoestima y autoconcepto positivo

Según la especialista en psicología infantojuvenil Maite Cobo, cuando un niño tiene muy claro que quiere dedicar parte de su tiempo al baile, debe ser mentalmente fuerte y mantenerse seguro de sí mismo. Un niño con una alta autoestima (que significaría escuetamente “quererse a sí mismo”) y un autoconcepto positivo (que él se vea bien a sí mismo) será capaz de superar el miedo a la opinión de los demás y podrá dar forma a su sueño.

Para poder lograrlo, y como explica la también orientadora educativa Maite Cobo, es imprescindible el apoyo total de los propios padres, ya que a edades tempranas siguen siendo el factor más importante para su crecimiento físico, mental y psicológico.

padres e hijoImma Abad, licenciada en psicología y especialista en psicología infantil, apoya totalmente esta idea y añade que “si un niño desarrolla seguridad y posee una fuerte autoestima es más difícil que los comentarios negativos de su entorno puedan hacerle daño”. Por lo tanto, la psicóloga Imma Abad recomienda ayudarles a crecer teniendo confianza en sí mismos, reforzando sus cualidades y dejando que puedan tomar pequeñas decisiones.

Aceptación y respeto de los padres

Por lo tanto, como revela Sara Martínez, psicóloga especialista en educación e intervención familiar, la acción no se debe enfocar hacia el niño, ya que poco podrá hacer si es pequeño. “Sólo podemos cambiar lo que siente a través de los padres. Si ellos lo aceptan, él lo vivirá con normalidad”, sentencia la psicóloga.

billy elliot santando 2Es importante entender y asimilar que la danza, además de ser un medio para que los niños se diviertan y disfruten con movimientos rítmicos del cuerpo, es una forma de comunicación artística y de expresión de emociones, sentimientos, pensamientos, imágenes y estados de ánimo del ser humano. Por ello, como explica la psicóloga infantojuvenil Maite Cobo, si el niño es capaz de superar el gran obstáculo del prejuicio que padece en la sociedad actual, será feliz y “sólo cuando nos dedicamos a lo que verdaderamente nos apasiona es cuando empezamos a brillar y a ser luz para los demás”.

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“Si pudiera decirte lo que se siente, no valdría la pena bailarlo” (Isadora Duncan, bailarina y coreógrafa)

Actualmente, existe una amplia y diversa oferta de actividades en danza infantil. Cada vez más, las academias de nuestro país se especializan en ofrecer una mayor variedad de estilos dirigidos a niños y niñas, de entre 0 y 12 años.

Entre los más conocidos y practicados se encuentra la danza clásica, la danza contemporánea, el flamenco, la danza española, el funky, el hip hop, las danzas étnicas, los bailes de competición o danza social, y los musicales. Así como también, la zumba, el jazz o el tap.

En este sentido, es necesario aclarar que las edades de inclusión en los distintos estilos y grados varían levemente de unos centros de enseñanza a otros, puesto que durante estas edades la práctica de la danza no está regulada oficialmente. Es por ello que cada escuela organiza los grupos de edad atendiendo a su criterio –que suele regir por edad y por nivel de desarrollo físico-.

Pero, además de estos estilos populares, también podemos encontrar la danza integrada dentro de la gimnasia rítmica, el patinaje artístico, la natación sincronizada u otros deportes. Entre otros motivos, la práctica de la danza dentro de estas actividades tiene su origen en la buena colocación del cuerpo que se deriva de su práctica, y que es tan necesaria para estos deportes.

Preballet: iniciación a la danza clásica

El preballet es la etapa de iniciación a la Danza Clásica. En ella se introduce gradualmente el estudio de las primeras rutinas del ballet  -suelo, barra, centro, diagonales-, a través del juego, la improvisación y esquemas coreográficos muy simples.

Estas clases están enfocadas a niños/as de 5 a 7 años –aproximadamente-, aunque varía en función de las escuelas. Como explica María Doval, bailarina y especialista en Danza Clásica, el preballet combina instrucciones de ballet muy básicas, dado que los niños menores de 7 años no son capaces aún de mantener la concentración durante el tiempo suficiente como para poder integrar con éxito la técnica clásica. Además, añade que “carecen del control muscular necesario para realizar con seguridad ciertos movimientos del ballet”.

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Las clases de preballet se suelen estructurar del mismo modo en todas las escuelas. En concreto, y según Sara Benítez, reconocida bailarina y profesora de ballet en el Centro de Danza y Arte de Madrid (CDAM), las clases se estructuran de la siguiente manera:

Primera parte: Las clases comienzan con un calentamiento para preparar el cuerpo y la mente, para el ejercicio que van a realizar.

Segunda parte: Según las edades, se realizan ejercicios de suelo, para que los más pequeños puedan desarrollar flexibilidad, y adquirir fuerza y control.

Tercera parte: Se sigue con ejercicios de barra donde los alumnos empiezan a aprender el control postural y los diferentes pasos básicos del ballet.

Cuarta parte: Se realizan ejercicios en el centro que requieren de mayor movilidad, dinamismo y dificultad. Los ejercicios se combinan con pequeñas coreografías –variaciones- y juegos dinámicos.

Última parte: Se termina con un estiramiento y reverencia de despedida.

Según Sonia González, bailarina y profesora de preballet en la escuela de danza Pilar Sánchez de Elche, los beneficios de su práctica a estas edades son integrales: “Se aprende la disciplina de la danza, y también se desarrolla la musicalidad, la psicomotricidad, el equilibrio, la espacialidad, la autoestima, la atención y el trabajo en grupo”.

En cuanto al vestuario, todas las escuelas con las que MiniDanza ha contacto coinciden en señalar que las niñas han de utilizar medias, maillot, falda, zapatillas de media punta y el pelo recogido en un moño. En el caso de las niñas, el peinado es muy importante, y es preciso hacer el moño correctamente y con muchas horquillas, a fin de que el peinado no llegue a estropearse en el transcurso de la clase. Los niños, por su parte, pueden llevar pantalones cortos, camiseta, calcetines y zapatillas de media punta.

Danza clásica: técnica, disciplina y dedicación

danzaclasica1A partir de los 8 o 9 años los niños pueden acceder ya al estudio de la Danza Clásica en el campo de la técnica. En esta ocasión, las clases requieren de un mayor grado de complejidad, dedicación, compromiso y entrenamiento regular –pautas que no todos los niños o adolescentes están dispuestos a asumir-

Según María Doval, bailarina con más de 40 años de experiencia en el mundo de la danza, las clases de Danza Clásica -o Ballet Académico- se estructuran en dos apartados principales: el trabajo de barra y el de centro.

La clase se inicia con ejercicios de barra, calentando el cuerpo progresivamente y ayudando a mejorar la postura, la fuerza y la movilidad. El trabajo de centro se basa en los ejercicios realizados en la barra y va desde los pasos más sencillos hasta los más complejos (variable de acuerdo el nivel de aprendizaje en que se encuentra el alumno).

Además, la también profesora de Danza Clásica infantil María Doval, añade que “todas las clases incluyen el estiramiento y la elongación, y más tarde se añaden lecciones de repertorio y paso a dos”. También es importante señalar que a partir del tercer o cuarto año de estudio regular del Ballet, los alumnos pueden iniciarse en el trabajo de puntas y variaciones.

En cuanto al vestuario requerido, es el mismo que el demandado para el preballet. “Es necesario que los niños vayan uniformados con las mallas y el mallot en las clases para que los profesores podamos observar adecuadamente el cuerpo del niño y su colocación, y de esa manera poder corregir la postura”, explica de forma detallada la profesora de Danza Clásica Sonia González.

Danza creativa: iniciación a la danza contemporánea

La danza creativa es la etapa de iniciación a la Danza Contemporánea y suele estar dirigida a niños/as a partir de los 5 años hasta los 11 o 12, momento en el que pasarían a tomar clases de Danza Contemporánea –aunque las franjas de edad siempre dependen de la escuela-.

danzacontemporanea1Según Sonia González, también profesora de danza creativa y codirectora de la escuela de danza Pilar Sánchez de Elche, explica que en estas clases se trabajan los conceptos básicos de la Danza Contemporánea: introducción a la técnica, improvisación y composición.

Una forma de presentar las clases con la que coincide Eva Escoda, licenciada en Pedagogía de la Danza y directora de la Escuela de Danza y Música Scenia, quién añade, además, que se trata de clases divertidas en las que se introduce a los niños en los principios básicos que integran la danza moderna y la expresión corporal. “Se desarrolla la armonía postural, el uso de las energías corporal y espacial, la expresividad del movimiento, y se estimula la creatividad y el gusto por bailar”, sentencia la bailarina Escoda.

Danza contemporánea: estilo, musicalidad y diversión

La edad recomendada para empezar a tomar clases de Danza Contemporánea son los 11 años –aunque siempre dependerá de la escuela-. Se trata de un estilo de baile muy amplio y diverso que engloba muchos estilos. Por ese motivo, los profesores intentan hacer un programa variado, para que cuando los alumnos entren en un grado superior tengan bastantes conocimientos sobre la Danza Contemporánea.

Una manera de plantear las clases que apoya Sonia González, bailarina, coreógrafa y profesora de Danza Contemporánea en todos los niveles, quien añade: “Les enseñamos técnicas distintas para que sean bailarines versátiles. Además, también trabajamos la improvisación y la composición”.

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En concreto, y según Lara Rodríguez, bailarina y profesora de baile moderno en CDAM, las clases se estructuran de la siguiente forma:

Primera parte: Se comienza con un calentamiento en el suelo, que termina con un pequeño juego para aumentar el ritmo cardíaco.

Segunda parte: A continuación, se trabajan los ejercicios que requieren mayor esfuerzo a nivel técnico: giros, saltos a diferentes alturas, desplazamiento y encadenamiento de pasos. Más tarde, se trabaja una pequeña coreografía (de cualquiera de los estilos que engloba la Danza Contemporánea).

Tercera parte: La clase finaliza con un estiramiento.

En cuanto a los beneficios que tiene su práctica en los más pequeños, la profesora Sonia González destaca que lo que más se potencia en las clases de Danza Contemporánea es la creatividad -mucho más que en el ballet-. “Su práctica también potencia el desarrollo personal. Es decir, los niños aprenden a desarrollar su propio movimiento y su personalidad artística”, subraya la profesora.

De hecho, por regla general, y según Sonia González, los alumnos se sienten más libres al bailar contemporáneo, ya que tienen más libertad de movimiento –aunque siempre dependerá de la técnica que se esté trabajando-.

Junto a ello, es también importante conocer que una buena base de clásico puede ayudar a mejorar en las clases de contemporáneo. Sin embargo, y como explica la bailarina profesional Sonia González, a pesar de esta afirmación, cuando los niños empiezan a hacer contemporáneo tienen que hacer un esfuerzo por trabajar de forma contraria o distinta a como lo hacen en ballet. “En cambio, la gente que hace contemporáneo aplica lo que hace en esta técnica al clásico y mejora en este último”, revela.

En cuanto al vestuario, éste no sigue unas pautas tan estrictas como en el caso del ballet. Lo importante es llevar ropa cómoda (mejor ropa ajustada para que los profesores puedan ver bien la postura corporal) que les permita ejecutar con libertad todos los movimientos, los pies descalzos y el pelo recogido para que no les moleste al bailar.

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Los beneficios de la danza en el desarrollo motor del niño (I)

“La danza tiene la posibilidad de satisfacer la existencia física, emocional e intelectual” (Hodgson)

La danza es el lenguaje que utiliza el cuerpo para expresar los sentimientos del alma. Del mismo modo, la danza es considerada una actividad que potencia la capacidad expresiva, la destreza física, la habilidad cognitiva y el desarrollo motriz. El baile es capaz de combinar armoniosamente en el espacio un sinfín de movimientos dentro de un tiempo musical, que crea y ordena los ritmos. Por lo tanto, además de ser considerada un arte, la danza es también una actividad que aporta beneficios integrales a cualquier edad, siendo especialmente beneficiosa en los niños.

En todos los movimientos que ejecuta el niño durante la práctica de cualquier tipo de danza, se ven involucradas numerosas esferas de su cuerpo. De ese modo, el niño desarrolla su motricidad (capacidad para generar movimientos), su espacio cognitivo (capacidad para realizar procesos mentales), su parte afectiva (necesidad de expresar emociones), y su ámbito social (de relación con otros niños).

De esta manera, y tal y como explica Cordelia Estévez, Doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica, “el desarrollo motriz de un niño hay que entenderlo siempre asociado a su desarrollo cognitivo”. “Con lo cual, toda estimulación que le demos a través del movimiento va a repercutir en su crecimiento mental”, sentencia Estévez.

Sin embargo, y sabiendo que la separación completa entre todas las esferas es prácticamente imposible, puesto que están íntimamente unidas, nos centraremos en analizar los beneficios que la práctica de la danza aporta al desarrollo motor del niño.

Para comenzar, es necesario saber que la danza potencia el control de los movimientos corporales del niño, quien con su ejecución es capaz de estimular: el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices (permiten coordinar los sistemas sensoriales con los movimientos del cuerpo), la capacidad de coordinación motriz (integración de diferentes partes del cuerpo en un movimiento), y la mejora de la postura corporal.

Beneficios de la danza en las capacidades perceptivo-motrices del niño

Tal y como recoge la Doctora en Educación Física Mª Jesús Cuéllar Moreno en su estudio titulado ‘La Enseñanza de la Danza: Principios didácticos y orientaciones metodológicas para su aplicación’, las capacidades perceptivo-motrices son aquellas que permiten al niño conocer su cuerpo, el espacio que le rodea y el tiempo en el que se mueve.

La danza ayuda al niño a conocer su cuerpo: Conciencia corporal o esquema corporal

Uno de los principales objetivos de la práctica dancística es que el niño conozca toda su estructura corporal, es decir, que tenga plena conciencia de su cuerpo. Gracias a la ejecución de distintos movimientos, la danza consigue que el niño trabaje y descubra todos sus segmentos corporales, tal y como aclara Paco Bodí Martínez, bailarín con Estudios Superiores en Danza. “Todas las partes del cuerpo tienen su momento de trabajo”, precisa Bodí, también profesor de danza infantil durante 10 años.

“La danza te da un buen conocimiento de tu cuerpo. Te permite saber hasta dónde puedes llegar y qué puedes hacer”, explica la especialista en Psicología Clínica Cordelia Estévez. Además, añade que “la danza tiene una influencia muy positiva en el desarrollo del esquema corporal (conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo)”. Sin embargo, para que el niño sea capaz de conocer su cuerpo en profundidad, necesita también el apoyo de otros componentes relacionados. Así, el control y ajuste corporal le permiten al niño adoptar diferentes posiciones, garantizando la correcta colocación del cuerpo con respecto a su centro de gravedad, tanto en movimiento como en posiciones estáticas. Las actividades de relajación le ayudan a tener un control físico y mental de su cuerpo. Y, por último, los ejercicios de respiración son indispensables, puesto que influyen en sus movimientos y en la regulación de su energía.

Pero sin duda, uno de los aspectos más importantes que la actividad dancística intenta desarrollar en el niño es la lateralidad, es decir, la distinción entre la derecha y la izquierda. Como recoge José Alberto Piedrahita Vásquez en su tesis de 2008 titulada ‘La danza como medio potenciador del desarrollo motriz del niño en su proceso de formación deportiva en las escuelas de fútbol’, la práctica de la danza le da al niño la posibilidad de reconocer su lado dominante y su lado menos hábil. “Al practicar los diferentes pasos, giros y saltos, entre otros, el niño va a desarrollar y mejorar la coordinación entre ambos lados del cuerpo, permitiéndole un mayor estímulo sobre su lado menos hábil”, expone Piedrahita Vásquez.

Pero además de desarrollar esta capacidad, las actividades que se realizan dentro de la danza le aportan al niño una mayor flexibilidad, agilidad, resistencia y fuerza, así como un mayor dominio del equilibrio.

La danza favorece el sentido espacial del niño: Espacialidad

Los movimientos dancísticos también están orientados a que el niño sea capaz de desenvolverse satisfactoriamente dentro del espacio que le rodea. La danza fomenta que el niño pueda ubicarse en el espacio en relación con otros objetos y compañeros. De ese modo, como explica la profesora de danza infantil Paula Parreño, el niño puede determinar cuál es su posición espacial en relación con los demás, y cuál es el lugar que ocupan sus compañeros, aunque no pueda verles. “La danza ayuda al niño a saber en cada momento dónde y cómo está colocado su cuerpo, tanto en reposo como en movimiento”, aclara.

No hay duda de que las actividades que se realizan dentro del baile le permiten al niño tener claras todas las referencias espaciales, además de desarrollar su visión periférica, que le permite saber qué ocurre a su alrededor aunque él esté mirando al frente. En la misma línea se explica Paco Bodí: “La danza permite al niño conocer su cuerpo en relación con su entorno, con su compañero y con el objeto con el que esté trabajando, que puede que sea imaginario”.

La danza potencia el control del tiempo y del ritmo: Temporalidad

Los niños ya no solo van a tener que saber ejecutar movimientos dentro de un espacio delimitado, sino que además, deberán hacerlo con un determinado orden y una duración exacta. Bailar respetando determinados tiempos y ritmos dificulta la tarea a los niños, que tendrán que aumentar su capacidad de coordinación y de atención. El niño deberá armonizar sus gestos motrices, desarrollar su sentido rítmico, así como su creatividad. “Música y movimiento van a trabajar juntos para llegar a un mismo objetivo”, explica el bailarín y coreógrafo Paco Bodí.

Como señalamos al inicio del reportaje, la ejecución de movimientos físicos también tiene una repercusión en la parte mental de los más pequeños, aspecto que les ayuda a desarrollar su inteligencia. “Si al desarrollo motor le añadimos música, el trabajo que hace el niño a la hora de aprender es doble: conoce su cuerpo y su entorno, y además lo hace dentro de un ritmo. Todo esto lo convierte en un proceso mucho más complejo”, sostiene Cordelia Estévez, profesora de Psicología del Desarrollo.

Continúa leyendo la segunda parte del reportaje:

Los beneficios de la danza en el desarrollo motor del niño (II)

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