Estilos de baile en la danza infantil (Parte II)

“Si pudiera decirte lo que se siente, no valdría la pena bailarlo” (Isadora Duncan, bailarina y coreógrafa)

Tras conocer algunos de los estilos de baile infantil más populares, analizamos el resto de estilos más conocidos y practicados por los más pequeños.

Flamenco: energía, fuerza y ritmo

El flamenco se puede empezar a practicar desde los 3 años y los alumnos son separados en distintos niveles, según la edad y desarrollo físico. Según Eva Escoda, licenciada en Pedagogía de la Danza y directora de la Escuela de Danza y Música Scenia, en estas clases se introduce al alumno en el conocimiento de los ritmos básicos del flamenco, el toque de las castañuelas, la técnica de zapateado y el braceo español.

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El flamenco es uno de los estilos más particulares y suele ser de gran atractivo para los pequeños. El porte de dignidad, la fuerza y la energía que requiere este estilo, hace que el flamenco potencie mucho la autoestima del niño. “La energía del alumno sube mucho, ya que está dando golpes en el suelo, y eso genera adrenalina”, evidencia la bailarina y profesora de danza infantil Sonia González.

Son clases en las que se desarrolla y potencia mucho el ritmo, ya que el flamenco es bastante complejo a nivel musical y los niños entran en un aprendizaje rítmico muy elaborado. En este aspecto, la codirectora de la escuela de danza Pilar Sánchez de Elche, Sonia González, destaca que “el sentido musical, rítmico y percusivo es lo que más se desarrolla”.

En cuanto al vestuario, según la directora de la Escuela de Danza y Música Scenia, Eva Escoda, los alumnos van uniformados con falda negra, maillot y zapatos de tacón y peinadas correctamente.

Danza española: cultura, ritmo y porte

La Danza Española es, quizá, uno de los estilos más completos que existen, ya que es una carrera en sí y engloba diferentes estilos y escuelas. Entre los más conocidos, destacan la escuela bolera, la danza estilizada, el folclore, el flamenco y el ballet –imprescindible en todos los estilos-.

En cuanto a la metodología de las clases, Sonia González, profesora de iniciación a la Danza Española en la escuela de danza Pilar Sánchez de Elche, explica que suelen estar dirigidas a niños a partir de los 3 años. En ellas se introduce al alumno en el aprendizaje de las castañuelas o los palillos, con el fin de que obtengan una buena base para cursos posteriores.

La Danza Española desarrolla y potencia múltiples aspectos en los más pequeños. “Se potencia el sentido musical y rítmico, además del conocimiento de gran parte de la cultura española  -música, artistas y compositores-”, indica Sonia González.

Un aspecto que también destaca Eva Escoda, especialista en Danza Española, quien afirma que en estas clases se intenta despertar el interés del alumno en las costumbres y raíces españolas.

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La Danza Española también aporta numerosos beneficios a nivel físico, ya que potencia el brío, la fuerza, el salto y, sobre todo, el trabajo cardiovascular, tal y como asegura la profesora de iniciación a la Danza Española Sonia González.

El vestuario ha de ser el específico del estilo que se esté trabajando. Se suele llevar zapato de tacón o zapatillas para zapatear, falda o falda de escuela bolera, un mallot, castañuela, mantón, y cuando acceden a cursos posteriores, bata de cola.

Funky: fuerza, coordinación y diversión

El funky es un estilo muy atractivo para los más pequeños y suele estar dirigido a niños desde los 7 años, ya que tienen que tener cierta capacidad de coordinación y de memorizar coreografías. Como explica la bailarina y profesora de danza infantil Sonia González, “el funky es un estilo con muchos acentos y contratiempos musicales, por lo que tienen que tener bastante desarrollado el sentido de la musicalidad y la capacidad para trabajar el cuerpo de manera disociada”.

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Natalia Nieto, codirectora de CDAM y profesora de funky, habla en esta misma dirección y añade que en las clases se trabaja fundamentalmente la coordinación, la memoria coreográfica, el ritmo musical y el estilo. Todo ello apoyado con las músicas más actuales.

En cuanto al desarrollo de las clases, Natalia Nieto las estructura de la siguiente manera:

Primer bloque: Comienza con un calentamiento, acompañado de música, en el que se preparan todos los principales grupos musculares para el ejercicio, y se trabaja el acondicionamiento físico (resistencia, flexibilidad, abdominales y fuerza de brazos y parte superior del tronco), siempre a un nivel adecuado para la edad de los alumnos.

Segundo bloque: A continuación, se trabajan encadenamientos –normalmente en diagonales- de pasos tanto técnicos como de estilo, cuya complejidad va aumentando a medida que avanza el curso.

Tercer bloque: La clase termina con una coreografía, pequeños bailes que, normalmente, suelen cambiar cada mes de clase para poder practicar diferentes estilos de baile y músicas distintas. Para terminar, la clase finaliza con un breve estiramiento para enfriar el cuerpo.

En cuanto al vestuario, la profesora de funky Natalia Nieto recomienda llevar ropa cómoda: para el calentamiento, pies descalzos o calcetines; y para las diagonales y coreografía se utilizan unas zapatillas, tipo deportivas, pero flexibles, especiales para baile, conocidas como “sneakers”.

Hip hop: memoria, ritmo y contratiempo

Como ocurre con el funky, la edad recomendada para iniciar las clases de hip hop suelen ser los 7 años, ya que el niño tiene que tener desarrollada cierta capacidad para coordinar movimientos y memorizar pasos.

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Según la profesora de la danza infantil Sonia González, el hip hop permite que el niño desarrolle la memoria corporal, ya que los movimientos suelen ser muy abundantes dentro de una coreografía. “Suelen ser movimientos rápidos, acrobáticos y disociando mucho el cuerpo”, matiza la profesora. Además, González asegura que se tiene que tener muy en cuenta el ritmo, por lo que el sentido rítmico se desarrolla en gran medida.

El vestuario es bastante libre y los niños suelen ir con la estética del estilo callejero: pantalones y camisetas anchas, y zapatillas de deporte.

Danzas étnicas: nuevas culturas

La danza étnica es muy variada y engloba todo aquello que es ajeno a nuestra cultura. Según Sonia González, codirectora de la escuela de danza Pilar Sánchez de Elche, dentro de ella se puede encontrar la danza africana, la danza oriental, la hindú, etc. La danza ética engloba, sobre todo, estilos de baile y actividades muy lúdicas para los niños.

Bailes de competición o danza social

Los bailes de competición o danza social están dirigidos a los niños a partir de los 7 años, cuando su capacidad de retener pasos está más desarrollada.

Este estilo es, por excelencia, el ideal para mejorar la sociabilidad de los más pequeños. “Como se baila en pareja, los niños desarrollan la capacidad de comunicación”, destaca la bailarina y profesora de danza infantil Sonia González. A lo que añade que este tipo de bailes promueve “la escucha, la tolerancia, los límites, la paciencia y la coordinación en pareja”, además de ayudar a “aprender a aceptar los propios errores”.

Se desarrollan, por tanto, aspectos más bien sociales, personales y emocionales.

Musical

El musical es un estilo muy completo que mezcla la voz (cantar), el cuerpo (bailar), el teatro (interpretar) y la música (tocar). Actualmente, existen escuelas de musical donde los niños aprenden todas estas materias. Incluso en algunos colegios o escuelas privadas se han hecho proyectos de musical. Es un estilo muy lúdico para los niños.

Por último, es necesario destacar que, en todos los estilos, se desarrolla de manera importante la memoria corporal. Las clases de danza –sea el estilo que sea- no son un ejercicio habitual, ya que el niño tiene que memorizar pasos y movimientos corporales, algo que no se desarrolla en la escuela. Se trata de aprender pequeñas partituras y el niño tiene que retener todos los pasos que se hacen en los calentamientos y en las coreografías. Por lo tanto, desarrolla una inteligencia corporal y física.

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Beneficios de practicar danza a edades tempranas

“Practicar danza tiene beneficios integrales en nuestro cuerpo” (Sonia González, bailarina y coreógrafa)

Los beneficios de practicar cualquier tipo de danza a edades tempranas son múltiples e integrales, ya que pueden tener un efecto terapéutico en todos los aspectos psicomotores de los niños. Siendo la danza, además, un valor adquirido para todas las parcelas de la vida.

Higiene postural y desarrollo físico

En concreto, y según la bailarina María Doval, quien tiene más de 40 años de experiencia en el mundo de la danza, a través del baile se enseña a los niños a conseguir una buena postura corporal o a corregir malos hábitos posturales, así como también a mejorar los casos de pies planos (siempre que el ejercicio sea regular y prolongado).

Del mismo modo, la bailarina y directora de Scenia Escuela de Danza y Música de Madrid Eva Escoda comparte estas ideas y asegura que los beneficios de todas las disciplinas de la danza infantil son innumerables. Sin embargo, destaca la ayuda que proporciona al desarrollo de la motricidad fina y gruesa, y a la mejora de los reflejos y la agilidad.

Desarrollo socio-afectivo y creatividad

Pero los beneficios no acaban en el desarrollo físico, sino que también proporciona una importante ayuda a nivel mental. María Doval, profesora de Danza Clásica y especialista en formación de niños y jóvenes bailarines, destaca que el baile favorece el reconocimiento de la coordinación del cuerpo, fomenta el sentido de la sensibilidad musical, estimula la atención, contribuye al desarrollo socio-afectivo y emocional, y promueve el equilibrio, la gracia, y la expresión creativa y artística.

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En palabras de María Doval, el papel del maestro es fundamental para que el niño aprenda dentro de un espacio ameno: “La enseñanza del respeto por uno mismo y por los demás, con tolerancia, cariño y comprensión, les ayuda a fortalecer su autoestima y a relacionarse satisfactoriamente con su entorno, a la vez que se desenvuelven en actividades de coordinación, destreza y comunicación, conociendo el cuerpo con sus límites y posibilidades”.

Como complemento a estas características, la profesora de danza Eva Escoda destaca que la práctica dancística en los más pequeños les aporta disciplina, el desarrollo del oído, la expresión corporal, la memoria, mejora las relaciones interpersonales mediante el trabajo en equipo, y desarrolla la creatividad y la sensibilidad.

Beneficios integrales

Por lo tanto, no se puede establecer qué aspectos se potencian o se desarrollan más en el niño, ya que se intenta ofrecer una formación global. Cada niño va despertando sus capacidades consiguiendo enriquecerse en distintas áreas. “Unos adoptan mayor confianza en sí mismos y mejoran notablemente la timidez, otros se sienten fascinados con la belleza de la música, a algunos les encanta crear sus propios bailes, y a otros, en cambio, les motiva saltar y girar”, revela la bailarina y profesora María Doval.

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Conocidos los beneficios de la danza para estimular el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices del niño, pasamos a analizar la gran mejora que supone la práctica dancística en la capacidad de coordinación motriz del niño (integración de diferentes partes del cuerpo en un movimiento), y en la mejora de su postura corporal.

Beneficios de la danza en la capacidad de coordinación motriz

Cuando practican alguna actividad dancística, en la mayoría de ocasiones los niños trabajan con varias partes de su cuerpo al mismo tiempo. Esto les exige una buena armonía de sus movimientos y una gran sincronización entre los distintos segmentos corporales que intervienen en la acción. “Cuando un niño baila implica todo su cuerpo: tanto su mente como su estructura corporal”, señala Paco Bodí, titulado en Biomecánica y Anatomía Aplicadas a la Danza.

Para favorecer aún más la coordinación de movimientos del niño, las actividades de danza se suele practicar en grupo, lo que implica un buen grado de coordinación y comunicación entre ellos. “Cada niño debe aprender a interpretar los gestos y los movimientos de sus compañeros para poder interactuar en armonía con ellos”, explica Piedrahita Vásquez en su tesis de 2008 titulada ‘La danza como medio potenciador del desarrollo motriz del niño en su proceso de formación deportiva en las escuelas de fútbol’.

Además, como manifiesta Paula Parreño, licenciada en Pedagogía de la Danza, “los niños que practican danza evolucionan mucho más rápido que otros niños que no la practican”, como consecuencia del fomento de sus habilidades físicas.

Beneficios de la danza en la corrección de la postura corporal del niño

La corrección de la postura corporal quizá sea una de las mejoras más visibles que la danza provoca en los niños. Independientemente del estilo de baile, la danza ayuda a corregir las malas posturas que los niños adquieren en sus actividades diarias o en la escuela. Del mismo modo, su práctica contribuye a un correcto desarrollo de sus músculos y de su columna vertebral.

Entre sus exigencias fundamentales, la danza demanda una posición correcta de todo el cuerpo y una postura erguida de torso y hombros. “Los beneficios de una buena higiene postural se aplican a la vida diaria del niño. Ellos asumen patrones corporales correctos durante las clases, y luego los mantienen en su vida diaria. Para ellos, tener la espalda recta a la hora de hacer cualquier actividad es algo natural, ya sea escribir, ver la tele o estar en el ordenador”, ejemplifica la bailarina y profesora de danza infantil Paula Parreño. “Se acostumbran a tener una buena posición corporal y, además, su musculatura es mucho más fuerte”, añade Cordelia Estévez, profesora de Psicología del Desarrollo.

De ese modo, y tras lo expuesto anteriormente, podemos observar que todos los beneficios motrices que se derivan de la práctica de la danza le sirven al niño para desenvolverse mejor en todos los aspectos de su vida diaria. Y en concreto, como destaca Paula Parreño, practicar danza repercute en un aumento de la inteligencia de los niños. “Está demostrado que los niños que practican danza sacan mejores notas. Entre otras cosas, esto se debe a que la disciplina que han interiorizado en las clases les hace estructurar mejor su tiempo para estudiar”, revela Paula Parreño.

Todos los especialistas entrevistados, además de los autores de los trabajos estudiados, coinciden en señalar que los beneficios que aporta la práctica de la danza en los niños son integrales, puesto que repercuten positivamente en su parte física, psíquica, emocional, social y comunicativa.

“Si eres observador y tienes paciencia, los beneficios de la danza se pueden apreciar en todas y cada una de las facetas del niño”, concluye el profesor de danza Paco Bodí.

Os dejamos con un vídeo donde Reene Rich, directora de In Motion Miami, habla sobre los beneficios de ballet para los niños, que también se dan al realizar cualquier otro tipo de danza:

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“La danza tiene la posibilidad de satisfacer la existencia física, emocional e intelectual” (Hodgson)

La danza es el lenguaje que utiliza el cuerpo para expresar los sentimientos del alma. Del mismo modo, la danza es considerada una actividad que potencia la capacidad expresiva, la destreza física, la habilidad cognitiva y el desarrollo motriz. El baile es capaz de combinar armoniosamente en el espacio un sinfín de movimientos dentro de un tiempo musical, que crea y ordena los ritmos. Por lo tanto, además de ser considerada un arte, la danza es también una actividad que aporta beneficios integrales a cualquier edad, siendo especialmente beneficiosa en los niños.

En todos los movimientos que ejecuta el niño durante la práctica de cualquier tipo de danza, se ven involucradas numerosas esferas de su cuerpo. De ese modo, el niño desarrolla su motricidad (capacidad para generar movimientos), su espacio cognitivo (capacidad para realizar procesos mentales), su parte afectiva (necesidad de expresar emociones), y su ámbito social (de relación con otros niños).

De esta manera, y tal y como explica Cordelia Estévez, Doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica, “el desarrollo motriz de un niño hay que entenderlo siempre asociado a su desarrollo cognitivo”. “Con lo cual, toda estimulación que le demos a través del movimiento va a repercutir en su crecimiento mental”, sentencia Estévez.

Sin embargo, y sabiendo que la separación completa entre todas las esferas es prácticamente imposible, puesto que están íntimamente unidas, nos centraremos en analizar los beneficios que la práctica de la danza aporta al desarrollo motor del niño.

Para comenzar, es necesario saber que la danza potencia el control de los movimientos corporales del niño, quien con su ejecución es capaz de estimular: el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices (permiten coordinar los sistemas sensoriales con los movimientos del cuerpo), la capacidad de coordinación motriz (integración de diferentes partes del cuerpo en un movimiento), y la mejora de la postura corporal.

Beneficios de la danza en las capacidades perceptivo-motrices del niño

Tal y como recoge la Doctora en Educación Física Mª Jesús Cuéllar Moreno en su estudio titulado ‘La Enseñanza de la Danza: Principios didácticos y orientaciones metodológicas para su aplicación’, las capacidades perceptivo-motrices son aquellas que permiten al niño conocer su cuerpo, el espacio que le rodea y el tiempo en el que se mueve.

La danza ayuda al niño a conocer su cuerpo: Conciencia corporal o esquema corporal

Uno de los principales objetivos de la práctica dancística es que el niño conozca toda su estructura corporal, es decir, que tenga plena conciencia de su cuerpo. Gracias a la ejecución de distintos movimientos, la danza consigue que el niño trabaje y descubra todos sus segmentos corporales, tal y como aclara Paco Bodí Martínez, bailarín con Estudios Superiores en Danza. “Todas las partes del cuerpo tienen su momento de trabajo”, precisa Bodí, también profesor de danza infantil durante 10 años.

“La danza te da un buen conocimiento de tu cuerpo. Te permite saber hasta dónde puedes llegar y qué puedes hacer”, explica la especialista en Psicología Clínica Cordelia Estévez. Además, añade que “la danza tiene una influencia muy positiva en el desarrollo del esquema corporal (conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo)”. Sin embargo, para que el niño sea capaz de conocer su cuerpo en profundidad, necesita también el apoyo de otros componentes relacionados. Así, el control y ajuste corporal le permiten al niño adoptar diferentes posiciones, garantizando la correcta colocación del cuerpo con respecto a su centro de gravedad, tanto en movimiento como en posiciones estáticas. Las actividades de relajación le ayudan a tener un control físico y mental de su cuerpo. Y, por último, los ejercicios de respiración son indispensables, puesto que influyen en sus movimientos y en la regulación de su energía.

Pero sin duda, uno de los aspectos más importantes que la actividad dancística intenta desarrollar en el niño es la lateralidad, es decir, la distinción entre la derecha y la izquierda. Como recoge José Alberto Piedrahita Vásquez en su tesis de 2008 titulada ‘La danza como medio potenciador del desarrollo motriz del niño en su proceso de formación deportiva en las escuelas de fútbol’, la práctica de la danza le da al niño la posibilidad de reconocer su lado dominante y su lado menos hábil. “Al practicar los diferentes pasos, giros y saltos, entre otros, el niño va a desarrollar y mejorar la coordinación entre ambos lados del cuerpo, permitiéndole un mayor estímulo sobre su lado menos hábil”, expone Piedrahita Vásquez.

Pero además de desarrollar esta capacidad, las actividades que se realizan dentro de la danza le aportan al niño una mayor flexibilidad, agilidad, resistencia y fuerza, así como un mayor dominio del equilibrio.

La danza favorece el sentido espacial del niño: Espacialidad

Los movimientos dancísticos también están orientados a que el niño sea capaz de desenvolverse satisfactoriamente dentro del espacio que le rodea. La danza fomenta que el niño pueda ubicarse en el espacio en relación con otros objetos y compañeros. De ese modo, como explica la profesora de danza infantil Paula Parreño, el niño puede determinar cuál es su posición espacial en relación con los demás, y cuál es el lugar que ocupan sus compañeros, aunque no pueda verles. “La danza ayuda al niño a saber en cada momento dónde y cómo está colocado su cuerpo, tanto en reposo como en movimiento”, aclara.

No hay duda de que las actividades que se realizan dentro del baile le permiten al niño tener claras todas las referencias espaciales, además de desarrollar su visión periférica, que le permite saber qué ocurre a su alrededor aunque él esté mirando al frente. En la misma línea se explica Paco Bodí: “La danza permite al niño conocer su cuerpo en relación con su entorno, con su compañero y con el objeto con el que esté trabajando, que puede que sea imaginario”.

La danza potencia el control del tiempo y del ritmo: Temporalidad

Los niños ya no solo van a tener que saber ejecutar movimientos dentro de un espacio delimitado, sino que además, deberán hacerlo con un determinado orden y una duración exacta. Bailar respetando determinados tiempos y ritmos dificulta la tarea a los niños, que tendrán que aumentar su capacidad de coordinación y de atención. El niño deberá armonizar sus gestos motrices, desarrollar su sentido rítmico, así como su creatividad. “Música y movimiento van a trabajar juntos para llegar a un mismo objetivo”, explica el bailarín y coreógrafo Paco Bodí.

Como señalamos al inicio del reportaje, la ejecución de movimientos físicos también tiene una repercusión en la parte mental de los más pequeños, aspecto que les ayuda a desarrollar su inteligencia. “Si al desarrollo motor le añadimos música, el trabajo que hace el niño a la hora de aprender es doble: conoce su cuerpo y su entorno, y además lo hace dentro de un ritmo. Todo esto lo convierte en un proceso mucho más complejo”, sostiene Cordelia Estévez, profesora de Psicología del Desarrollo.

Continúa leyendo la segunda parte del reportaje:

Los beneficios de la danza en el desarrollo motor del niño (II)

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