Amador Cernuda: “Sería importante que en las escuelas de danza existieran servicios de psicología”

Las exigencias físicas que requiere la práctica de la danza, los cánones que se establecen en la sociedad sobre el ideal de belleza o los problemas personales pueden condicionar la alimentación de los bailarines. Amador Cernuda, reconocido y prestigioso psicólogo de grandes deportistas de élite, ha realizado numerosas investigaciones durante su carrera, y ha podido advertir cuáles son los desórdenes alimentarios más comunes entre los bailarines. Además, su experiencia profesional y su cargo como subdirector del Instituto Universitario de Danza Alicia Alonso le han permitido conocer en profundidad cómo funciona el mundo de la danza.

Pregunta: ¿Cuáles son los principales desórdenes alimentarios que aparecen en los niños que practican danza?

Respuesta: Los principales problemas que hemos detectado en mis investigaciones, y en las que he dirigido en estos últimos años, son problemas de imagen corporal que derivan en problemas de anorexia, bulimia y vigorexia. Son problemas que se dan, sobre todo, en la edad adolescente, con el cambio corporal que tiene lugar en la preadolescencia. Sin embargo, a nivel general, la danza aporta a los niños aspectos muy positivos, y no hemos detectado desórdenes.

P: Normalmente, ¿cuál suele ser el origen de estos problemas?

R: El origen de estos problemas puede ser policausal. Lo que tengo claro es que la danza no los provoca, a veces la causa está en la estructura familiar, en profesores con problemas, y en las incidencias que provocan los medios sociales en la autoestima corporal de los adolescentes, con la proyección de modelos corporales de supuesto éxito.

P: ¿Se dan muchos casos de desórdenes alimenticios en los deportistas y bailarines?

R: El mundo de la danza sigue los mismos criterios en esta problemática que el mundo del deporte de alto rendimiento. He tenido la experiencia profesional de trabajar en seis ciclos olímpicos con deportistas de élite, algunos de modalidades con similaridad a la danza, aunque con objetivos muy diferentes. En el deporte de alto rendimiento, existen casos anecdóticos. Sin embargo, en el deporte de base nos encontramos con casos en los clubs de competición inicial a niveles autonómicos, nacionales, y raramente en el circuito internacional. En el mundo de la danza, después de analizar importantes compañías, apenas hemos encontrado problemas por el importante filtro que supone tener cualidades para ingresar en una gran compañía. Sin embargo, a nivel de conservatorios -en varios estudios que hemos realizado en nuestra Institución universitaria para tesis de grado, máster o doctorales- nos hemos encontrado con diferentes incidencias en este ámbito formativo.

P: ¿Cómo deben tratarse estos problemas?

R: Estos problemas son muy serios e implican una gravedad. Por lo tanto, deben ser tratados por equipos multidisciplinarios especializados de médicos, psicólogos, psiquiatras y endocrinos, entre otros.

P: ¿Es imprescindible que se detecten a tiempo?

R: Es muy importante detectar el problema y ponerle soluciones lo antes posible. Sería importante que en los conservatorios y escuelas de danza existieran servicios de psicología que ayudaran a detectar las personas con posibilidades de riesgo ante estos problemas. Existen pruebas de rigor científico contrastado que permiten detectar las personalidades de riesgo, para evitar consecuencias muy negativas para los individuos y para la propia imagen de la danza.

P: ¿Cree que las escuelas de danza deberían promover la necesidad de llevar una dieta saludable? Junto a  ello, ¿las escuelas deben llevar controles nutricionales y médicos sobre las alumnas?

R: Hace falta una educación de los profesores para detectar pequeños indicios de problemática, y evitar actitudes y comentarios que puedan generar problemas. Por experiencia, en general, la mayoría de las personas que trabajan en danza tienen sensibilidad para esta temática. Sin embargo, algunas excepciones que existen, por suerte, son minoritarias, aunque pueden hacer mucho daño. Que exista una educación sobre alimentación y aspectos psicológicos del cuerpo, es muy importante. Los avances científicos tienen que tener proyección en la sociedad. Las nuevas generaciones formadas en la universidad tienen que implicar un gran cambio en el futuro de la enseñanza de la danza por la actualización de sus conocimientos científicos en diferentes campos: preparación física, medicina y psicología aplicadas y relacionadas con la danza.

P: ¿Qué responsabilidad tienen los padres en esto? ¿Y los profesores de danza?

R: Los padres son muy importantes para toda una buena estructura familiar, es la base para una buena educación, salud y éxito profesional. Los profesores son el complemento para que esta base crezca y se consolide. Es su labor es fundamental en la educación y desarrollo, por eso su formación tiene que ser rigurosa.

Prof. Dr. Amador Cernuda Lago.
Profesor Universidad Rey Juan Carlos.
Subdirector Instituto Universitario Danza Alicia Alonso.
Director Máster Artes Escénicas.
Doctor en Psicología.
Acreditado Europsy (European Certificate in Psychology and Psychotherapy)
Especialista internacional en Psicología Alto Rendimiento, director de la preparación psicológica de deportistas de alto nivel, campeones del mundo y medallistas olímpicos en seis olimpiadas, y de artistas de alto nivel.
Investigador científico en Artes Escénicas, con numerosas participaciones en congresos científicos internacionales y tesis doctorales dirigidas.
Miembro de importantes sociedades científicas internacionales.
Presidente de la Asociación Española de Psicología Transpersonal.

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El valor educativo de la danza

“Los profesores debemos inculcarles a los niños el respeto y el amor a la danza” (Paula Parreño)

Además de los numerosos beneficios físicos y mentales que aporta la práctica dancística en el desarrollo del niño, no se debe olvidar algo tan importante como su valor educativo. La danza propicia el entorno ideal para que el niño desarrolle su parte afectiva y social. “Los niños que practican danza son más sensibles, más perceptivos e intuitivos”, describe la profesora de danza Asun Noales. Junto a ello, durante la edad infantil, la danza debe desarrollarse en un ambiente lúdico, nunca competitivo y siempre entre compañeros. “Desarrollan mejor su capacidad de comunicación, a través del lenguaje no verbal y el lenguaje del cuerpo”, explica la directora de la compañía ‘Otra Danza’, Asun Noales.

La también bailarina y coreógrafa explica, además, que la danza les permite jugar e improvisar historias sin palabras, con la ayuda de todo su cuerpo. “Los niños son como esponjas y siempre están abiertos a aprender, por lo que la danza les resulta una disciplina divertida y difícil a la vez”, añade Asun Noales.

De ese modo, el niño estará desarrollando una actividad sin presión y aumentará su motivación por aprender. Al mismo tiempo que el niño se lo pasa bien, irá interiorizando inconscientemente todos los beneficios que la danza le ofrece. “Desde que va a clases se relaciona más con sus compañeros en clase, y en general, ha ido perdiendo la vergüenza poco a poco”, asegura María del Pilar Esclapez, cuya hija de 9 años asiste a clases de danza.

Las clases de danza, si están bien dirigidas, es un lugar donde el niño se siente bien y tratado con cariño.  Siente que va aprendiendo poco a poco y cada vez más tiene más confianza en sí mismo, por lo que cada vez se encuentra mejor”, resume la profesora y bailarina. Sin duda, la danza a estas edades sienta las bases fundamentales para afrontar el resto de etapas que les aguardan. “La danza es una de las actividades complementarias más completas para la formación de los pequeños”, destaca Asun Noales.

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En los últimos tiempos, la danza se ha convertido en una de las principales actividades extraescolares que eligen los niños para distraerse. Los numerosos beneficios que se desprenden de su práctica y el entorno en el que se desarrolla, convierten a la actividad dancística en un gran atractivo para los más pequeños, y también para sus padres, que ven en ella la actividad perfecta para sus hijos.

María del Pilar Esclapez es un ejemplo de ello. Decidió apuntar a su hija de 9 años a clases de danza porque a ésta le gustaba mucho y porque es una actividad que comparte y disfruta con sus amigas. “También me gustó la idea de matricularla porque es una actividad física, algo necesario en el crecimiento de un niño de su edad”, añade Esclapez.

La danza ayuda a que los niños hagan ejercicio y mejoren su estado físico. Del mismo modo, se potencia también sus capacidades mentales y sociales. Todas estas ventajas, junto a la iniciativa del niño por querer practicarla, hacen que los padres se decanten por apuntarles a esta actividad extraescolar.

Como explica Asun Noales, licenciada en Coreografía y Técnicas de la Interpretación, y titulada en D. Clásica y D. Española: “La danza es una de las mejores opciones para desarrollar la creatividad de los niños: fomenta su expresividad, su musicalidad y sus capacidades artísticas. Además, mejora su higiene postural y sus relaciones sociales”.

La danza mejora la autoestima del niño

Del mismo modo, algo tan sencillo como bailar ayuda a reducir el estrés en los más pequeños, que descargan su energía y llegan a casa mucho más relajados. Todo lo que engloba la danza la convierte en una actividad que mejora de forma notoria la autoestima y la perseverancia de los más pequeños. “A través de ella el niño aprende a ser capaz de superarse y conseguir objetivos”, asegura María del Pilar Esclapez. “Creo que aprender a conseguir tus propias metas y valorarse es realmente importante cuando tienes 9 años, y el paso a la adolescencia se acerca”, agrega Esclapez.

Durante las actividades en clase o en las presentaciones de baile, el niño puede observar sus esfuerzos y mejorar aquellos aspectos en los que se ha equivocado. Algo que también aplican a su vida diaria, ya que aprenderán a esforzarse por las cosas que de verdad desean. “Pienso que la danza también le aporta disciplina y superación personal”, añade María del Pilar Esclapez. Una idea que confirma la bailarina, coreógrafa y profesora de danza Asun Noales: “Trabajan la disciplina y la perseverancia para la consecución de un objetivo, ya que los resultados no son inmediatos y requiere mucha voluntad”.

¡Os dejamos con un increíble vídeo de Pantene dedicado a las bailarinas! Gran ejemplo de cómo la perseverancia, el trabajo y la lucha dan los resultados soñados:

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Influencia de la danza en las distintas etapas del desarrollo psicomotor del niño

“Un cuerpo débil debilita al espíritu” (Jean-Jacques Rousseau)

Durante la edad infantil (0-12 años) la práctica dancística se estructura en varias etapas, que se establecen según la edad y el desarrollo físico de los niños. Esto es así para que la danza pueda potenciar unas habilidades concretas en cada fase. Sin embargo, y con motivo de que durante estas edades la práctica de la danza no está regulada oficialmente, cada escuela organiza los grupos de edad atendiendo a su criterio –que suele regir por edad y por nivel de desarrollo físico-. Aun siendo de este modo, las etapas del desarrollo psicomotor del niño establecidas por Piaget en el siglo XX, son una buena delimitación para estudiar la influencia y beneficios de la danza en la edad infantil.

Sus primeros pasos

De 0 a 2 años: etapa sensoriomotora

En esta primera etapa, el niño experimenta el mundo a través de los sentidos, por lo que las clases de danza se basan en juegos sensoriales dirigidos a estimular a nivel físico las sensaciones. Como recoge el Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte Pablo Pozo Rosado en su estudio titulado ‘Desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices en la Educación Física escolar’, esta es la etapa donde el niño aprende a gatear, a sentarse, a dar sus primeros pasos, y a controlar su cuerpo.

De ese modo, las actividades dancísticas se centran en que el niño siga pequeños ritmos y se meza, además de que conozca cómo responde su cuerpo a las estimulaciones. “El niño no conoce el significado de música, ni siquiera sabe controlar su cuerpo, pero empieza a identificar ritmos, y le resulta agradable, por su desarrollo físico y social, hacer sus primeros movimientos, aunque no sean del todo armónicos”, expone la Doctora en Psicología y profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez. También es importante que durante esta etapa las clases se realicen en compañía de los progenitores, ya que hasta la siguiente fase no empiezan a soltar el lazo parental.

Control de movimientos

De 2 a 6 años: etapa preoperacional

Durante esta etapa es muy importante y beneficioso para su desarrollo practicar actividades que fomenten el movimiento y la coordinación. En estas edades, las actividades se centran en desarrollar la motricidad gruesa y la motricidad fina. Es decir, la capacidad para ejecutar movimientos generales, cambiar la posición del cuerpo y mantener el equilibrio, así como la capacidad para realizar movimientos mucho más concretos, como actividades que requieren la coordinación ojo-mano y la coordinación de los músculos cortos. “La danza es un ejercicio muy completo porque el niño ejecuta acciones que implementan varios movimientos, lo que le hace tener un control más organizado”, señala la profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez.

Del mismo modo, el niño está en una etapa de descubrimiento, y los ejercicios dancísticos están dirigidos a fomentar el conocimiento de su cuerpo para que sea capaz de controlarlo. Además, como recoge Pablo Pozo Rosado en su estudio, durante esta etapa se ejecutan ejercicios para trabajar la distinción entre la derecha y la izquierda (lateralidad), y se realizan movimientos que implementan diferentes tiempos y ritmos para que el niño sepa estructurar de forma más específica sus movimientos.

Para fomentar aún más la coordinación, en este periodo empiezan a realizarse ejercicios grupales donde el niño ha de actuar en consonancia con sus compañeros. “El baile en grupo es recomendable a estas edades, puesto que es más completo y requiere más coordinación. Además, resulta beneficioso para su desarrollo social y emocional”, explica Cordelia Estévez.

Consolidación física

De 6 a 12 años: etapa de operaciones concretas

La última etapa infantil es fundamental para definir y afianzar todas las habilidades adquiridas en las fases anteriores, por lo que se introducen danzas más complejas. Es en este periodo cuando el niño acaba de reconocer su cuerpo: sabe qué dimensión tiene y cómo controlarlo. Como asegura Cordelia Estévez: “En el proceso de conocimiento corporal la danza tiene una influencia muy positiva”.

Además de ello, y tal y como explica Mónica Elena Moreno Rebolledo, Licenciada en Pedagogía de la Danza, en su tesis de 2007 titulada ‘La danza clásica como una disciplina que favorece el desarrollo cognitivo de niñas/os entre 5 y 10 años. Estrategias didácticas para su enseñanza”, en esta etapa los profesores de danza deben trabajar actividades que permitan al niño sentar las bases físicas que necesitará para las etapas posteriores. De ese modo, se empieza a trabajar la estabilidad articular, la fuerza y los abdominales, entre otras.

Es muy importante que durante las dos primeras etapas la práctica dancística se desarrolle en un ambiente lúdico, de libertad y creatividad, ya que más bien se trata de clases de expresión corporal o de iniciación a la danza. Es al final del último periodo cuando las clases deben ser más estructuras, instructivas y disciplinadas.

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Conocidos los beneficios de la danza para estimular el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices del niño, pasamos a analizar la gran mejora que supone la práctica dancística en la capacidad de coordinación motriz del niño (integración de diferentes partes del cuerpo en un movimiento), y en la mejora de su postura corporal.

Beneficios de la danza en la capacidad de coordinación motriz

Cuando practican alguna actividad dancística, en la mayoría de ocasiones los niños trabajan con varias partes de su cuerpo al mismo tiempo. Esto les exige una buena armonía de sus movimientos y una gran sincronización entre los distintos segmentos corporales que intervienen en la acción. “Cuando un niño baila implica todo su cuerpo: tanto su mente como su estructura corporal”, señala Paco Bodí, titulado en Biomecánica y Anatomía Aplicadas a la Danza.

Para favorecer aún más la coordinación de movimientos del niño, las actividades de danza se suele practicar en grupo, lo que implica un buen grado de coordinación y comunicación entre ellos. “Cada niño debe aprender a interpretar los gestos y los movimientos de sus compañeros para poder interactuar en armonía con ellos”, explica Piedrahita Vásquez en su tesis de 2008 titulada ‘La danza como medio potenciador del desarrollo motriz del niño en su proceso de formación deportiva en las escuelas de fútbol’.

Además, como manifiesta Paula Parreño, licenciada en Pedagogía de la Danza, “los niños que practican danza evolucionan mucho más rápido que otros niños que no la practican”, como consecuencia del fomento de sus habilidades físicas.

Beneficios de la danza en la corrección de la postura corporal del niño

La corrección de la postura corporal quizá sea una de las mejoras más visibles que la danza provoca en los niños. Independientemente del estilo de baile, la danza ayuda a corregir las malas posturas que los niños adquieren en sus actividades diarias o en la escuela. Del mismo modo, su práctica contribuye a un correcto desarrollo de sus músculos y de su columna vertebral.

Entre sus exigencias fundamentales, la danza demanda una posición correcta de todo el cuerpo y una postura erguida de torso y hombros. “Los beneficios de una buena higiene postural se aplican a la vida diaria del niño. Ellos asumen patrones corporales correctos durante las clases, y luego los mantienen en su vida diaria. Para ellos, tener la espalda recta a la hora de hacer cualquier actividad es algo natural, ya sea escribir, ver la tele o estar en el ordenador”, ejemplifica la bailarina y profesora de danza infantil Paula Parreño. “Se acostumbran a tener una buena posición corporal y, además, su musculatura es mucho más fuerte”, añade Cordelia Estévez, profesora de Psicología del Desarrollo.

De ese modo, y tras lo expuesto anteriormente, podemos observar que todos los beneficios motrices que se derivan de la práctica de la danza le sirven al niño para desenvolverse mejor en todos los aspectos de su vida diaria. Y en concreto, como destaca Paula Parreño, practicar danza repercute en un aumento de la inteligencia de los niños. “Está demostrado que los niños que practican danza sacan mejores notas. Entre otras cosas, esto se debe a que la disciplina que han interiorizado en las clases les hace estructurar mejor su tiempo para estudiar”, revela Paula Parreño.

Todos los especialistas entrevistados, además de los autores de los trabajos estudiados, coinciden en señalar que los beneficios que aporta la práctica de la danza en los niños son integrales, puesto que repercuten positivamente en su parte física, psíquica, emocional, social y comunicativa.

“Si eres observador y tienes paciencia, los beneficios de la danza se pueden apreciar en todas y cada una de las facetas del niño”, concluye el profesor de danza Paco Bodí.

Os dejamos con un vídeo donde Reene Rich, directora de In Motion Miami, habla sobre los beneficios de ballet para los niños, que también se dan al realizar cualquier otro tipo de danza:

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La danza es el lenguaje que utiliza el cuerpo para expresar los sentimientos del alma. Del mismo modo, la danza es considerada una actividad que potencia la capacidad expresiva, la destreza física, la habilidad cognitiva y el desarrollo motriz. El baile es capaz de combinar armoniosamente en el espacio un sinfín de movimientos dentro de un tiempo musical, que crea y ordena los ritmos. Por lo tanto, además de ser considerada un arte, la danza es también una actividad que aporta beneficios integrales a cualquier edad, siendo especialmente beneficiosa en los niños.

En todos los movimientos que ejecuta el niño durante la práctica de cualquier tipo de danza, se ven involucradas numerosas esferas de su cuerpo. De ese modo, el niño desarrolla su motricidad (capacidad para generar movimientos), su espacio cognitivo (capacidad para realizar procesos mentales), su parte afectiva (necesidad de expresar emociones), y su ámbito social (de relación con otros niños).

De esta manera, y tal y como explica Cordelia Estévez, Doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica, “el desarrollo motriz de un niño hay que entenderlo siempre asociado a su desarrollo cognitivo”. “Con lo cual, toda estimulación que le demos a través del movimiento va a repercutir en su crecimiento mental”, sentencia Estévez.

Sin embargo, y sabiendo que la separación completa entre todas las esferas es prácticamente imposible, puesto que están íntimamente unidas, nos centraremos en analizar los beneficios que la práctica de la danza aporta al desarrollo motor del niño.

Para comenzar, es necesario saber que la danza potencia el control de los movimientos corporales del niño, quien con su ejecución es capaz de estimular: el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices (permiten coordinar los sistemas sensoriales con los movimientos del cuerpo), la capacidad de coordinación motriz (integración de diferentes partes del cuerpo en un movimiento), y la mejora de la postura corporal.

Beneficios de la danza en las capacidades perceptivo-motrices del niño

Tal y como recoge la Doctora en Educación Física Mª Jesús Cuéllar Moreno en su estudio titulado ‘La Enseñanza de la Danza: Principios didácticos y orientaciones metodológicas para su aplicación’, las capacidades perceptivo-motrices son aquellas que permiten al niño conocer su cuerpo, el espacio que le rodea y el tiempo en el que se mueve.

La danza ayuda al niño a conocer su cuerpo: Conciencia corporal o esquema corporal

Uno de los principales objetivos de la práctica dancística es que el niño conozca toda su estructura corporal, es decir, que tenga plena conciencia de su cuerpo. Gracias a la ejecución de distintos movimientos, la danza consigue que el niño trabaje y descubra todos sus segmentos corporales, tal y como aclara Paco Bodí Martínez, bailarín con Estudios Superiores en Danza. “Todas las partes del cuerpo tienen su momento de trabajo”, precisa Bodí, también profesor de danza infantil durante 10 años.

“La danza te da un buen conocimiento de tu cuerpo. Te permite saber hasta dónde puedes llegar y qué puedes hacer”, explica la especialista en Psicología Clínica Cordelia Estévez. Además, añade que “la danza tiene una influencia muy positiva en el desarrollo del esquema corporal (conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo)”. Sin embargo, para que el niño sea capaz de conocer su cuerpo en profundidad, necesita también el apoyo de otros componentes relacionados. Así, el control y ajuste corporal le permiten al niño adoptar diferentes posiciones, garantizando la correcta colocación del cuerpo con respecto a su centro de gravedad, tanto en movimiento como en posiciones estáticas. Las actividades de relajación le ayudan a tener un control físico y mental de su cuerpo. Y, por último, los ejercicios de respiración son indispensables, puesto que influyen en sus movimientos y en la regulación de su energía.

Pero sin duda, uno de los aspectos más importantes que la actividad dancística intenta desarrollar en el niño es la lateralidad, es decir, la distinción entre la derecha y la izquierda. Como recoge José Alberto Piedrahita Vásquez en su tesis de 2008 titulada ‘La danza como medio potenciador del desarrollo motriz del niño en su proceso de formación deportiva en las escuelas de fútbol’, la práctica de la danza le da al niño la posibilidad de reconocer su lado dominante y su lado menos hábil. “Al practicar los diferentes pasos, giros y saltos, entre otros, el niño va a desarrollar y mejorar la coordinación entre ambos lados del cuerpo, permitiéndole un mayor estímulo sobre su lado menos hábil”, expone Piedrahita Vásquez.

Pero además de desarrollar esta capacidad, las actividades que se realizan dentro de la danza le aportan al niño una mayor flexibilidad, agilidad, resistencia y fuerza, así como un mayor dominio del equilibrio.

La danza favorece el sentido espacial del niño: Espacialidad

Los movimientos dancísticos también están orientados a que el niño sea capaz de desenvolverse satisfactoriamente dentro del espacio que le rodea. La danza fomenta que el niño pueda ubicarse en el espacio en relación con otros objetos y compañeros. De ese modo, como explica la profesora de danza infantil Paula Parreño, el niño puede determinar cuál es su posición espacial en relación con los demás, y cuál es el lugar que ocupan sus compañeros, aunque no pueda verles. “La danza ayuda al niño a saber en cada momento dónde y cómo está colocado su cuerpo, tanto en reposo como en movimiento”, aclara.

No hay duda de que las actividades que se realizan dentro del baile le permiten al niño tener claras todas las referencias espaciales, además de desarrollar su visión periférica, que le permite saber qué ocurre a su alrededor aunque él esté mirando al frente. En la misma línea se explica Paco Bodí: “La danza permite al niño conocer su cuerpo en relación con su entorno, con su compañero y con el objeto con el que esté trabajando, que puede que sea imaginario”.

La danza potencia el control del tiempo y del ritmo: Temporalidad

Los niños ya no solo van a tener que saber ejecutar movimientos dentro de un espacio delimitado, sino que además, deberán hacerlo con un determinado orden y una duración exacta. Bailar respetando determinados tiempos y ritmos dificulta la tarea a los niños, que tendrán que aumentar su capacidad de coordinación y de atención. El niño deberá armonizar sus gestos motrices, desarrollar su sentido rítmico, así como su creatividad. “Música y movimiento van a trabajar juntos para llegar a un mismo objetivo”, explica el bailarín y coreógrafo Paco Bodí.

Como señalamos al inicio del reportaje, la ejecución de movimientos físicos también tiene una repercusión en la parte mental de los más pequeños, aspecto que les ayuda a desarrollar su inteligencia. “Si al desarrollo motor le añadimos música, el trabajo que hace el niño a la hora de aprender es doble: conoce su cuerpo y su entorno, y además lo hace dentro de un ritmo. Todo esto lo convierte en un proceso mucho más complejo”, sostiene Cordelia Estévez, profesora de Psicología del Desarrollo.

Continúa leyendo la segunda parte del reportaje:

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