Influencia de la danza en las distintas etapas del desarrollo psicomotor del niño

“Un cuerpo débil debilita al espíritu” (Jean-Jacques Rousseau)

Durante la edad infantil (0-12 años) la práctica dancística se estructura en varias etapas, que se establecen según la edad y el desarrollo físico de los niños. Esto es así para que la danza pueda potenciar unas habilidades concretas en cada fase. Sin embargo, y con motivo de que durante estas edades la práctica de la danza no está regulada oficialmente, cada escuela organiza los grupos de edad atendiendo a su criterio –que suele regir por edad y por nivel de desarrollo físico-. Aun siendo de este modo, las etapas del desarrollo psicomotor del niño establecidas por Piaget en el siglo XX, son una buena delimitación para estudiar la influencia y beneficios de la danza en la edad infantil.

Sus primeros pasos

De 0 a 2 años: etapa sensoriomotora

En esta primera etapa, el niño experimenta el mundo a través de los sentidos, por lo que las clases de danza se basan en juegos sensoriales dirigidos a estimular a nivel físico las sensaciones. Como recoge el Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte Pablo Pozo Rosado en su estudio titulado ‘Desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices en la Educación Física escolar’, esta es la etapa donde el niño aprende a gatear, a sentarse, a dar sus primeros pasos, y a controlar su cuerpo.

De ese modo, las actividades dancísticas se centran en que el niño siga pequeños ritmos y se meza, además de que conozca cómo responde su cuerpo a las estimulaciones. “El niño no conoce el significado de música, ni siquiera sabe controlar su cuerpo, pero empieza a identificar ritmos, y le resulta agradable, por su desarrollo físico y social, hacer sus primeros movimientos, aunque no sean del todo armónicos”, expone la Doctora en Psicología y profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez. También es importante que durante esta etapa las clases se realicen en compañía de los progenitores, ya que hasta la siguiente fase no empiezan a soltar el lazo parental.

Control de movimientos

De 2 a 6 años: etapa preoperacional

Durante esta etapa es muy importante y beneficioso para su desarrollo practicar actividades que fomenten el movimiento y la coordinación. En estas edades, las actividades se centran en desarrollar la motricidad gruesa y la motricidad fina. Es decir, la capacidad para ejecutar movimientos generales, cambiar la posición del cuerpo y mantener el equilibrio, así como la capacidad para realizar movimientos mucho más concretos, como actividades que requieren la coordinación ojo-mano y la coordinación de los músculos cortos. “La danza es un ejercicio muy completo porque el niño ejecuta acciones que implementan varios movimientos, lo que le hace tener un control más organizado”, señala la profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez.

Del mismo modo, el niño está en una etapa de descubrimiento, y los ejercicios dancísticos están dirigidos a fomentar el conocimiento de su cuerpo para que sea capaz de controlarlo. Además, como recoge Pablo Pozo Rosado en su estudio, durante esta etapa se ejecutan ejercicios para trabajar la distinción entre la derecha y la izquierda (lateralidad), y se realizan movimientos que implementan diferentes tiempos y ritmos para que el niño sepa estructurar de forma más específica sus movimientos.

Para fomentar aún más la coordinación, en este periodo empiezan a realizarse ejercicios grupales donde el niño ha de actuar en consonancia con sus compañeros. “El baile en grupo es recomendable a estas edades, puesto que es más completo y requiere más coordinación. Además, resulta beneficioso para su desarrollo social y emocional”, explica Cordelia Estévez.

Consolidación física

De 6 a 12 años: etapa de operaciones concretas

La última etapa infantil es fundamental para definir y afianzar todas las habilidades adquiridas en las fases anteriores, por lo que se introducen danzas más complejas. Es en este periodo cuando el niño acaba de reconocer su cuerpo: sabe qué dimensión tiene y cómo controlarlo. Como asegura Cordelia Estévez: “En el proceso de conocimiento corporal la danza tiene una influencia muy positiva”.

Además de ello, y tal y como explica Mónica Elena Moreno Rebolledo, Licenciada en Pedagogía de la Danza, en su tesis de 2007 titulada ‘La danza clásica como una disciplina que favorece el desarrollo cognitivo de niñas/os entre 5 y 10 años. Estrategias didácticas para su enseñanza”, en esta etapa los profesores de danza deben trabajar actividades que permitan al niño sentar las bases físicas que necesitará para las etapas posteriores. De ese modo, se empieza a trabajar la estabilidad articular, la fuerza y los abdominales, entre otras.

Es muy importante que durante las dos primeras etapas la práctica dancística se desarrolle en un ambiente lúdico, de libertad y creatividad, ya que más bien se trata de clases de expresión corporal o de iniciación a la danza. Es al final del último periodo cuando las clases deben ser más estructuras, instructivas y disciplinadas.

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“La danza tiene la posibilidad de satisfacer la existencia física, emocional e intelectual” (Hodgson)

Conocidos los beneficios de la danza para estimular el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices del niño, pasamos a analizar la gran mejora que supone la práctica dancística en la capacidad de coordinación motriz del niño (integración de diferentes partes del cuerpo en un movimiento), y en la mejora de su postura corporal.

Beneficios de la danza en la capacidad de coordinación motriz

Cuando practican alguna actividad dancística, en la mayoría de ocasiones los niños trabajan con varias partes de su cuerpo al mismo tiempo. Esto les exige una buena armonía de sus movimientos y una gran sincronización entre los distintos segmentos corporales que intervienen en la acción. “Cuando un niño baila implica todo su cuerpo: tanto su mente como su estructura corporal”, señala Paco Bodí, titulado en Biomecánica y Anatomía Aplicadas a la Danza.

Para favorecer aún más la coordinación de movimientos del niño, las actividades de danza se suele practicar en grupo, lo que implica un buen grado de coordinación y comunicación entre ellos. “Cada niño debe aprender a interpretar los gestos y los movimientos de sus compañeros para poder interactuar en armonía con ellos”, explica Piedrahita Vásquez en su tesis de 2008 titulada ‘La danza como medio potenciador del desarrollo motriz del niño en su proceso de formación deportiva en las escuelas de fútbol’.

Además, como manifiesta Paula Parreño, licenciada en Pedagogía de la Danza, “los niños que practican danza evolucionan mucho más rápido que otros niños que no la practican”, como consecuencia del fomento de sus habilidades físicas.

Beneficios de la danza en la corrección de la postura corporal del niño

La corrección de la postura corporal quizá sea una de las mejoras más visibles que la danza provoca en los niños. Independientemente del estilo de baile, la danza ayuda a corregir las malas posturas que los niños adquieren en sus actividades diarias o en la escuela. Del mismo modo, su práctica contribuye a un correcto desarrollo de sus músculos y de su columna vertebral.

Entre sus exigencias fundamentales, la danza demanda una posición correcta de todo el cuerpo y una postura erguida de torso y hombros. “Los beneficios de una buena higiene postural se aplican a la vida diaria del niño. Ellos asumen patrones corporales correctos durante las clases, y luego los mantienen en su vida diaria. Para ellos, tener la espalda recta a la hora de hacer cualquier actividad es algo natural, ya sea escribir, ver la tele o estar en el ordenador”, ejemplifica la bailarina y profesora de danza infantil Paula Parreño. “Se acostumbran a tener una buena posición corporal y, además, su musculatura es mucho más fuerte”, añade Cordelia Estévez, profesora de Psicología del Desarrollo.

De ese modo, y tras lo expuesto anteriormente, podemos observar que todos los beneficios motrices que se derivan de la práctica de la danza le sirven al niño para desenvolverse mejor en todos los aspectos de su vida diaria. Y en concreto, como destaca Paula Parreño, practicar danza repercute en un aumento de la inteligencia de los niños. “Está demostrado que los niños que practican danza sacan mejores notas. Entre otras cosas, esto se debe a que la disciplina que han interiorizado en las clases les hace estructurar mejor su tiempo para estudiar”, revela Paula Parreño.

Todos los especialistas entrevistados, además de los autores de los trabajos estudiados, coinciden en señalar que los beneficios que aporta la práctica de la danza en los niños son integrales, puesto que repercuten positivamente en su parte física, psíquica, emocional, social y comunicativa.

“Si eres observador y tienes paciencia, los beneficios de la danza se pueden apreciar en todas y cada una de las facetas del niño”, concluye el profesor de danza Paco Bodí.

Os dejamos con un vídeo donde Reene Rich, directora de In Motion Miami, habla sobre los beneficios de ballet para los niños, que también se dan al realizar cualquier otro tipo de danza:

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