Danza integrada: el movimiento como forma de integración

“La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo” (Isadora Duncan, bailarina y coreógrafa)

La danza expresa y comunica a través del movimiento. Los niños que presentan alguna discapacidad física o mental encuentran en la danza integrada un espacio donde ejercitar su cuerpo y expresar sus sentimientos y emociones. La danza integrada reúne a niños con y sin discapacidad, y crea un espacio común donde el movimiento se utiliza como forma de integración. Este tipo de danza ofrece numerosos beneficios a todos los niños que participan en las clases, presenten o no alguna discapacidad, ya que supone un aprendizaje a todos los niveles.

¿Qué es la danza integrada infantil?

La danza integrada infantil es aquella danza donde los procesos de aprendizaje y de creación se dan en grupos mixtos de niños con y sin discapacidad. Sin embargo, y como señala Sonia González, bailarina y profesora de danza para personas con habilidad mixta, hay grupos que se forman solo con niños discapacitados. Incluso, en algunas ocasiones, los propios acompañantes de los alumnos participan en estas clases para ayudarles.

improvisacion 1

 

En esta forma de concebir la danza, las diferencias entre los niños se difuminan y se aceptan todos los cuerpos. “Hacer danza integrada con gente que no tiene discapacidad nos iguala a todos, elimina las posibles diferencias que parezca haber”, explica Sonia González, también profesora de danza infantil en la escuela de danza Pilar Sánchez de Elche.

La danza integrada como terapia

Los niños que presentan alguna discapacidad física o mental encuentran en la danza un espacio donde ejercitar su cuerpo y expresar sus sentimientos y emociones. La danza integrada va un paso más allá de la danza tradicional, e intenta potenciar y desarrollar el lado sensorial y emocional de los niños, además de trabajar también la parte física.

“Los saco de la silla, los pongo en el suelo, los hago respirar, sentir, tomar conciencia de su cuerpo, de cómo están ese día”, relata la profesora de danza integrada Sonia González. Después de ello, los alumnos realizan ejercicios de movilidad y de estiramientos, casi siempre a través de imágenes.

Circle handsUn método de trabajo que también utiliza Daniela Barbeito, bailarina y profesora de DanceAbility –metodología de danza inclusiva, creada en  1987 en EEUU, y nombre por el cual se conoce a la danza integrada en EEUU-: “Es muy recomendable que en las clases con los más pequeños se añadan imágenes, pequeñas historias o situaciones de juego que sirvan de base para realizar movimientos”.

Sonia González, quien también fue bailarina de la compañía de danza integrada Karen Person and dancers, señala que hay muchos métodos de trabajo a la hora de dar las clases, sin embargo, afirma que la técnica Feldenkrais es muy adecuada para la gente discapacitada, ya que consiste, en un aprendizaje de la sensación, es decir, una educación del sentido del movimiento. “Ni es una gimnasia, ni es una terapia”, aclara.

De lo sensorial a lo físico

Como explica Patricia Ruz, bailarina, profesora y especialista en danza con discapacitados, en la danza integrada se trabajan los mismos conceptos que en la danza tradicional: la coordinación, el ritmo, la espacialidad, la musicalidad o la técnica corporal, entre otros. Idea que apoya la bailarina, coreógrafa y profesora Sonia González, quien, además, añade que “también se trabaja la improvisación y el movimiento personal”.

Sin embargo, y a pesar de que se trabajan los mismos conceptos que en la danza, la manera de presentar y de exponer las clases es muy diferente, ya que el objetivo no es mejorar la técnica de la danza, sino potenciar la parte sensorial y emocional. “Las clases se presentan como una oportunidad para que los niños se sientan bien y vean la danza como algo positivo, como una manera de divertirse y expresarse”, afirma Fanny Blasco, directora de la Academia de Baile Fanny Blasco y profesora de danza para personas con discapacidad.

Beneficios a nivel físico y mental

Las actividades que se realizan en las clases aportan beneficios integrales a todos los niños que participan en ellas, tengan alguna discapacidad o no. “La danza integrada aporta todo lo rico que ofrece la danza a las personas: ayuda a tener conciencia de tu cuerpo, a desarrollar la inteligencia corporal y a mejorar muchas funciones psíquicas”, revela Patricia Ruz, bailarina, danzaterapeuta y especialista en danza con discapacitados.

Además, como especifica la profesora Fanny Blasco, gracias a la práctica de la danza los niños desarrollan su musculatura y fortalecen su resistencia y su capacidad pulmonar. Además, añade que el aprendizaje de los pequeños movimientos, pasos y coreografías les hace ejercitar y mejorar su memoria. “También mejoran muchísimo en sus enfermedades y en sus rigideces”, completa la profesora de danza integrada infantil Sonia González.

Aumenta la confianza en sí mismos

En cuanto a la parte social y afectiva, Fanny Blasco revela que las clases ayudan a los niños a relacionarse con el resto de compañeros. “Se refuerza la autoestima y la confianza en ellos mismos y en los demás”, explica.

feldenkrais niñosPara conseguir que el grupo se relacione entre sí y fomentar los lazos entre los compañeros, se realizan muchas combinaciones de ejercicios entre ellos. “Lo importante es partir del común denominador del grupo, para incluir a todos los participantes y bailar juntos desde lo que cada uno puede”, destaca la profesora de danza integrada infantil Daniela Barbeito.

Además de ello, la también profesora de danza para niños con discapacidad Sonia González agrega que las clases “llenan espiritualmente a los alumnos”, porque pueden hacer cosas que ni siquiera pensaban que podían hacer.

“Se crea un vínculo afectivo entre ellos muy grande, incluso cuando les sale algún trozo de coreografía, o simplemente ven que algo les sale bien, vienen a celebrarlo con un grandísimo abrazo. Es entonces cuando te das cuenta de lo mucho que significa para ellos llegar a conseguir lo que le propones”, explica entusiasmada Fanny Blasco. Una curiosidad que también coindice en destacar la profesora Sonia González: “Los logros son un motivo de fiesta”.

Maribel Velasco, licenciada en Psicología Clínica y psicóloga en la Asociación para la discapacidad Manantial, destaca que la danza integrada es una “experiencia positiva”, tanto para los niños con discapacidad como para los niños sin discapacidad. Y, además, añade que las diferencias pueden resultar enriquecedoras, ya que se trata de una actividad donde el aprendizaje es mutuo. “No solo se mejora la condición física, sino también los aspectos emotivos-afectivos, sociales y cognitivos”, subraya.

La danza integrada ha supuesto, por tanto, un espacio de encuentro entre niños con y sin discapacidad, donde el movimiento se utiliza como forma de integración.

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Tras conocer en profundidad la danza integrada, en esta ocasión damos a conocer otra rama de la danza con múltiples beneficios para los niños: la danzaterapia.

La danzaterapia es la terapia que utiliza el movimiento como un proceso para promover la integración emocional, cognitiva y física del individuo. La danzaterapia en los niños apunta a la autoconciencia, a explorar el interior del propio cuerpo, al desarrollo de la creatividad, al descubrimiento de las propias posibilidades, y a ser capaz de expresar las emociones a través del movimiento.

¿Qué es la danzaterapia?

Tal y como exponen Belén Capapé y Miren Saralegi, danzaterapeutas y formadoras en danza integral, la danzaterapia está dirigida a todo tipo de personas (niños y adultos con y sin discapacidad) que deseen explorar, a través de la música y el movimiento, sus capacidades de comunicación, conocimiento e interacción con su cuerpo y el entorno.

danza creativa2Sin embargo, las actividades de danzaterapia difieren de las tradicionales clases de danza. Como ambas profesionales explican, en danzaterapia toma especial importancia el cuerpo sensible. Sin embargo, en otro tipo de bailes se trabaja casi exclusivamente con la dimensión física del cuerpo.

La danzaterapia tiene como objetivo que el niño tome conciencia del conjunto de pensamientos, sensaciones, sentimientos y emociones que forman parte de él, y que sea capaz de expresarlo a través de movimientos libres y creativos. A diferencia de las clases de danza tradicionales, en la danzaterapia no se llevan a cabo movimientos estructurados ni coreografías, sino que prima el movimiento personal.

¿En qué consisten las clases?

La danzaterapia es beneficiosa para todas las edades, siendo ideal para los más pequeños. En este caso, suele recibir el nombre de danza creativa. Según María José Vexenat, danzaterapeuta formada bajo la dirección de María Fux -creadora de la danzaterapia-, en el trabajo que se realiza con los niños el elemento principal es la música, ya que es la base desde donde partir hacia los distintos estímulos creativos. Estímulos que suelen estar vinculados a las distintas áreas del arte y la educación. Sin embargo, en muchas ocasiones el silencio es el mejor ambiente donde los niños pueden encontrar sus propios ritmos y expresarlos de forma libre y creativa.

danza creativa1Como ella misma explica, este mundo lúdico permite a los niños entrar en su propio mundo creativo, y es a través de la improvisación desde donde van explorando, en conexión con los otros niños. “Descubrir a esta temprana edad sus propias herramientas creativas, les permitirá tener un conocimiento distinto de ellos mismos”, sentencia María José Vexenat.

Como expone Patricia Ruz, danzaterapeuta, profesora y bailarina, “se trabaja desde la expresión corporal y  la relación con las imágenes”. Además, añade que las actividades se suelen combinar con pañuelos o elementos que ayuden a facilitar la expresión del cuerpo y de la persona.

Del mismo modo, Belén Capapé y Miren Saralegi, danzaterapeutas en la Asociación Aragonesa de Danzaterapia, en sus clases con los más pequeños utilizan diferentes recursos, tales como el juego, la música, el ritmo, la psicomotricidad, los cuentos, el teatro, los objetos o las metáforas. Todo para que el niño pueda manifestarse, expresarse, crecer, crear, compartir, disfrutar y aprender.

Beneficios de practicar danzaterapia

OLYMPUS DIGITAL CAMERATodos los especialistas en danzaterapia coinciden en señalar que los beneficios de su práctica son múltiples e integrales para el niño. “Al mismo tiempo que se potencializa la danza a través de las distintas calidades de movimiento –improvisación, creatividad, libertad-, los niños comunican y expresan a través de un lenguaje no verbal”, especifica María José Vexenat, danzaterapeuta.

En concreto, y según Belén Capapé y Miren Saralegi, danzaterapeutas en la Asociación Aragonesa de Danzaterapia, los beneficios de practicar esta rama de la danza son los siguientes:

  • Beneficios a nivel psicofisiológico: Integración y desarrollo del esquema corporal; aprender a escuchar el propio cuerpo y utilizarlo de manera espontánea, expresiva, creativa y productiva; mejorar la coordinación; desarrollar la propia imagen corporal; conocer y aceptar el propio cuerpo y su historia personal; potenciar la concentración, la relajación y la escucha del propio cuerpo; así como también mantener y desarrollar las capacidades físicas, tales como la flexibilidad, circulación, respiración y estimulación sensorial.
  • Beneficios a nivel cognitivo: Potencia el desarrollo cognitivo, ya que se ponen en marcha mecanismos de imaginación, observación, atención, memoria y asimilación-comprensión.
  • Beneficios a nivel emocional y de personalidad: La danzaterapia supone un mecanismo por el cual los niños exploran su interior y aumentan su confianza y autoestima, ya que se genera un espacio de seguridad, distensión, escucha y contención. Se enseña a valorar y querer el cuerpo y se ayuda a aprender a manejar mejor las emociones. Se trabajan los límites para aprender a aceptarlos, basándose en las capacidades, ganando en autoestima, confiando en uno mismo y en las demás, valorando el potencial del cuerpo y aceptando la limitación como riqueza y diversidad funcional.
  • Beneficios a nivel social: Se desarrollan habilidades de comunicación e interacción, fomentando las relaciones interpersonales. Ayuda a perder el miedo al contacto con los otros, y a entrar en otro tipo de comunicación y escucha. Aumenta el contacto visual y las habilidades sociales.

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Integración desde la danzaterapia

Por María José Vexenat, danzaterapeuta, bailarina, profesora y coreógrafa

Hoy en día la palabra integración e inclusión conviven en nuestra sociedad. Son términos muy utilizados desde todos los ámbitos. A veces esas palabras se convierten en hechos concretos, a veces esas palabras son simplemente palabras;  a veces hay deseos de cambios y a pesar de nuestras buenas intenciones, desconocemos e ignoramos que significa  verdaderamente.

A pesar de ello, siento que como sociedad hemos avanzado  y que todavía queda mucho por hacer. Cada uno desde sus ámbitos intentamos trabajar a partir de aquello que nos pertenece.

Desde el Arte tenemos una herramienta importante para continuar investigando y desarrollando. Quiere decir, que es algo que continuamente está en movimiento, es flexible y atemporal. Todos los tiempos son tiempos del arte.

El Arte se hace presente en todos los momentos de la vida. Hay un mundo que se abre desde la infancia y en ese mundo la Danza ocupa un lugar. Pero, ¿qué lugar ocupa ese niño en la Danza?

Todas las personas no somos iguales, todos los niños no son iguales. Por lo tanto es necesario concebir a la Danza, como una Danza social; que no se encierre en sí misma sino que se abra hacia la comunidad, que conecte y que permita estar al alcance de todos.

Las distintas necesidades de cada niño deben estar contempladas en la Danza, no, como criterio de límite, como el no poder… sino que a partir del propio límite se desarrollen, estimulando  las potencialidades creativas-lúdicas y artísticas que cada niño posee.

Escuchar y mirar cada respuesta. Permitir que su cuerpo hable, exprese y comunique, a partir de la infinita posibilidad que posee el lenguaje no verbal.  Aún desde un gesto, una sonrisa, un movimiento mínimo, todo está hablando y está expresando aquello que el cuerpo mueve y siente.

Es desde este lugar que la Danzaterapia se convierte en un camino posible. La metodología artística que María Fux ha creado, permitió que tantas generaciones hayan vivenciado esta educación integrada. Las vivencias desde la infancia son definitivas en la evolución de una persona. Son los puntos de partida que a veces no tienen retorno, es por ello que la Educación es básica en todos los aspectos.

“La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo”, Isadora Duncan.

Cuántos niños dentro de una educación integrada podrían caminar por sí mismos siendo adultos, en una sociedad adulta integrada. Cuántos niños comprenderían desde el movimiento el valor que significa la comunicación, con uno y con el otro.  Pudiendo “crear” en conjunto un mundo de posibilidades y no de barreras.

La Danzaterapia vive cada etapa de la persona respetando los tiempos internos. A medida que la atravesamos descubrimos que nunca es tarde. Siempre se puede a cualquier edad y en cualquier momento. Respetando las edades logramos que se viva  en integración.  El trabajo desarrollado en las distintas etapas de la vida nos lleva en búsqueda de objetivos diferentes y a medida que crecemos las metas van cambiando.

Yo fui una niña educada en un espacio integrado a la edad de nueve años. La danza fue el camino por donde transitar. María Fux fue el puente, la maestra, el punto de inicio en tantas cosas de mi vida.

Hoy de adulta sigo eligiendo este camino, pero no solo para transitarlo, sino para seguir aprendiendo  de aquello que todavía no sé. Para seguir explorando e investigando desde el movimiento este espacio que no tiene techo, ni límite.

Y para seguir creyendo, sosteniendo y llevando a todos lados este pensamiento esencial en tantas cosas… ¡SÍ SE PUEDE!  (Darle fuerza desde el cuerpo a la palabra)

María José Vexenat

Danzaterapeuta, coreógrafa y bailarina argentina. Formada bajo la dirección de María Fux -creadora de la Danzaterapia-, siendo su discípula y asistente desde 1978. Autora del libro Danzaterapia. Vida Y transformación.

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Influencia de la danza en las distintas etapas del desarrollo psicomotor del niño

“Un cuerpo débil debilita al espíritu” (Jean-Jacques Rousseau)

Durante la edad infantil (0-12 años) la práctica dancística se estructura en varias etapas, que se establecen según la edad y el desarrollo físico de los niños. Esto es así para que la danza pueda potenciar unas habilidades concretas en cada fase. Sin embargo, y con motivo de que durante estas edades la práctica de la danza no está regulada oficialmente, cada escuela organiza los grupos de edad atendiendo a su criterio –que suele regir por edad y por nivel de desarrollo físico-. Aun siendo de este modo, las etapas del desarrollo psicomotor del niño establecidas por Piaget en el siglo XX, son una buena delimitación para estudiar la influencia y beneficios de la danza en la edad infantil.

Sus primeros pasos

De 0 a 2 años: etapa sensoriomotora

En esta primera etapa, el niño experimenta el mundo a través de los sentidos, por lo que las clases de danza se basan en juegos sensoriales dirigidos a estimular a nivel físico las sensaciones. Como recoge el Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte Pablo Pozo Rosado en su estudio titulado ‘Desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices en la Educación Física escolar’, esta es la etapa donde el niño aprende a gatear, a sentarse, a dar sus primeros pasos, y a controlar su cuerpo.

De ese modo, las actividades dancísticas se centran en que el niño siga pequeños ritmos y se meza, además de que conozca cómo responde su cuerpo a las estimulaciones. “El niño no conoce el significado de música, ni siquiera sabe controlar su cuerpo, pero empieza a identificar ritmos, y le resulta agradable, por su desarrollo físico y social, hacer sus primeros movimientos, aunque no sean del todo armónicos”, expone la Doctora en Psicología y profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez. También es importante que durante esta etapa las clases se realicen en compañía de los progenitores, ya que hasta la siguiente fase no empiezan a soltar el lazo parental.

Control de movimientos

De 2 a 6 años: etapa preoperacional

Durante esta etapa es muy importante y beneficioso para su desarrollo practicar actividades que fomenten el movimiento y la coordinación. En estas edades, las actividades se centran en desarrollar la motricidad gruesa y la motricidad fina. Es decir, la capacidad para ejecutar movimientos generales, cambiar la posición del cuerpo y mantener el equilibrio, así como la capacidad para realizar movimientos mucho más concretos, como actividades que requieren la coordinación ojo-mano y la coordinación de los músculos cortos. “La danza es un ejercicio muy completo porque el niño ejecuta acciones que implementan varios movimientos, lo que le hace tener un control más organizado”, señala la profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez.

Del mismo modo, el niño está en una etapa de descubrimiento, y los ejercicios dancísticos están dirigidos a fomentar el conocimiento de su cuerpo para que sea capaz de controlarlo. Además, como recoge Pablo Pozo Rosado en su estudio, durante esta etapa se ejecutan ejercicios para trabajar la distinción entre la derecha y la izquierda (lateralidad), y se realizan movimientos que implementan diferentes tiempos y ritmos para que el niño sepa estructurar de forma más específica sus movimientos.

Para fomentar aún más la coordinación, en este periodo empiezan a realizarse ejercicios grupales donde el niño ha de actuar en consonancia con sus compañeros. “El baile en grupo es recomendable a estas edades, puesto que es más completo y requiere más coordinación. Además, resulta beneficioso para su desarrollo social y emocional”, explica Cordelia Estévez.

Consolidación física

De 6 a 12 años: etapa de operaciones concretas

La última etapa infantil es fundamental para definir y afianzar todas las habilidades adquiridas en las fases anteriores, por lo que se introducen danzas más complejas. Es en este periodo cuando el niño acaba de reconocer su cuerpo: sabe qué dimensión tiene y cómo controlarlo. Como asegura Cordelia Estévez: “En el proceso de conocimiento corporal la danza tiene una influencia muy positiva”.

Además de ello, y tal y como explica Mónica Elena Moreno Rebolledo, Licenciada en Pedagogía de la Danza, en su tesis de 2007 titulada ‘La danza clásica como una disciplina que favorece el desarrollo cognitivo de niñas/os entre 5 y 10 años. Estrategias didácticas para su enseñanza”, en esta etapa los profesores de danza deben trabajar actividades que permitan al niño sentar las bases físicas que necesitará para las etapas posteriores. De ese modo, se empieza a trabajar la estabilidad articular, la fuerza y los abdominales, entre otras.

Es muy importante que durante las dos primeras etapas la práctica dancística se desarrolle en un ambiente lúdico, de libertad y creatividad, ya que más bien se trata de clases de expresión corporal o de iniciación a la danza. Es al final del último periodo cuando las clases deben ser más estructuras, instructivas y disciplinadas.

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“La danza tiene la posibilidad de satisfacer la existencia física, emocional e intelectual” (Hodgson)

La danza es el lenguaje que utiliza el cuerpo para expresar los sentimientos del alma. Del mismo modo, la danza es considerada una actividad que potencia la capacidad expresiva, la destreza física, la habilidad cognitiva y el desarrollo motriz. El baile es capaz de combinar armoniosamente en el espacio un sinfín de movimientos dentro de un tiempo musical, que crea y ordena los ritmos. Por lo tanto, además de ser considerada un arte, la danza es también una actividad que aporta beneficios integrales a cualquier edad, siendo especialmente beneficiosa en los niños.

En todos los movimientos que ejecuta el niño durante la práctica de cualquier tipo de danza, se ven involucradas numerosas esferas de su cuerpo. De ese modo, el niño desarrolla su motricidad (capacidad para generar movimientos), su espacio cognitivo (capacidad para realizar procesos mentales), su parte afectiva (necesidad de expresar emociones), y su ámbito social (de relación con otros niños).

De esta manera, y tal y como explica Cordelia Estévez, Doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica, “el desarrollo motriz de un niño hay que entenderlo siempre asociado a su desarrollo cognitivo”. “Con lo cual, toda estimulación que le demos a través del movimiento va a repercutir en su crecimiento mental”, sentencia Estévez.

Sin embargo, y sabiendo que la separación completa entre todas las esferas es prácticamente imposible, puesto que están íntimamente unidas, nos centraremos en analizar los beneficios que la práctica de la danza aporta al desarrollo motor del niño.

Para comenzar, es necesario saber que la danza potencia el control de los movimientos corporales del niño, quien con su ejecución es capaz de estimular: el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices (permiten coordinar los sistemas sensoriales con los movimientos del cuerpo), la capacidad de coordinación motriz (integración de diferentes partes del cuerpo en un movimiento), y la mejora de la postura corporal.

Beneficios de la danza en las capacidades perceptivo-motrices del niño

Tal y como recoge la Doctora en Educación Física Mª Jesús Cuéllar Moreno en su estudio titulado ‘La Enseñanza de la Danza: Principios didácticos y orientaciones metodológicas para su aplicación’, las capacidades perceptivo-motrices son aquellas que permiten al niño conocer su cuerpo, el espacio que le rodea y el tiempo en el que se mueve.

La danza ayuda al niño a conocer su cuerpo: Conciencia corporal o esquema corporal

Uno de los principales objetivos de la práctica dancística es que el niño conozca toda su estructura corporal, es decir, que tenga plena conciencia de su cuerpo. Gracias a la ejecución de distintos movimientos, la danza consigue que el niño trabaje y descubra todos sus segmentos corporales, tal y como aclara Paco Bodí Martínez, bailarín con Estudios Superiores en Danza. “Todas las partes del cuerpo tienen su momento de trabajo”, precisa Bodí, también profesor de danza infantil durante 10 años.

“La danza te da un buen conocimiento de tu cuerpo. Te permite saber hasta dónde puedes llegar y qué puedes hacer”, explica la especialista en Psicología Clínica Cordelia Estévez. Además, añade que “la danza tiene una influencia muy positiva en el desarrollo del esquema corporal (conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo)”. Sin embargo, para que el niño sea capaz de conocer su cuerpo en profundidad, necesita también el apoyo de otros componentes relacionados. Así, el control y ajuste corporal le permiten al niño adoptar diferentes posiciones, garantizando la correcta colocación del cuerpo con respecto a su centro de gravedad, tanto en movimiento como en posiciones estáticas. Las actividades de relajación le ayudan a tener un control físico y mental de su cuerpo. Y, por último, los ejercicios de respiración son indispensables, puesto que influyen en sus movimientos y en la regulación de su energía.

Pero sin duda, uno de los aspectos más importantes que la actividad dancística intenta desarrollar en el niño es la lateralidad, es decir, la distinción entre la derecha y la izquierda. Como recoge José Alberto Piedrahita Vásquez en su tesis de 2008 titulada ‘La danza como medio potenciador del desarrollo motriz del niño en su proceso de formación deportiva en las escuelas de fútbol’, la práctica de la danza le da al niño la posibilidad de reconocer su lado dominante y su lado menos hábil. “Al practicar los diferentes pasos, giros y saltos, entre otros, el niño va a desarrollar y mejorar la coordinación entre ambos lados del cuerpo, permitiéndole un mayor estímulo sobre su lado menos hábil”, expone Piedrahita Vásquez.

Pero además de desarrollar esta capacidad, las actividades que se realizan dentro de la danza le aportan al niño una mayor flexibilidad, agilidad, resistencia y fuerza, así como un mayor dominio del equilibrio.

La danza favorece el sentido espacial del niño: Espacialidad

Los movimientos dancísticos también están orientados a que el niño sea capaz de desenvolverse satisfactoriamente dentro del espacio que le rodea. La danza fomenta que el niño pueda ubicarse en el espacio en relación con otros objetos y compañeros. De ese modo, como explica la profesora de danza infantil Paula Parreño, el niño puede determinar cuál es su posición espacial en relación con los demás, y cuál es el lugar que ocupan sus compañeros, aunque no pueda verles. “La danza ayuda al niño a saber en cada momento dónde y cómo está colocado su cuerpo, tanto en reposo como en movimiento”, aclara.

No hay duda de que las actividades que se realizan dentro del baile le permiten al niño tener claras todas las referencias espaciales, además de desarrollar su visión periférica, que le permite saber qué ocurre a su alrededor aunque él esté mirando al frente. En la misma línea se explica Paco Bodí: “La danza permite al niño conocer su cuerpo en relación con su entorno, con su compañero y con el objeto con el que esté trabajando, que puede que sea imaginario”.

La danza potencia el control del tiempo y del ritmo: Temporalidad

Los niños ya no solo van a tener que saber ejecutar movimientos dentro de un espacio delimitado, sino que además, deberán hacerlo con un determinado orden y una duración exacta. Bailar respetando determinados tiempos y ritmos dificulta la tarea a los niños, que tendrán que aumentar su capacidad de coordinación y de atención. El niño deberá armonizar sus gestos motrices, desarrollar su sentido rítmico, así como su creatividad. “Música y movimiento van a trabajar juntos para llegar a un mismo objetivo”, explica el bailarín y coreógrafo Paco Bodí.

Como señalamos al inicio del reportaje, la ejecución de movimientos físicos también tiene una repercusión en la parte mental de los más pequeños, aspecto que les ayuda a desarrollar su inteligencia. “Si al desarrollo motor le añadimos música, el trabajo que hace el niño a la hora de aprender es doble: conoce su cuerpo y su entorno, y además lo hace dentro de un ritmo. Todo esto lo convierte en un proceso mucho más complejo”, sostiene Cordelia Estévez, profesora de Psicología del Desarrollo.

Continúa leyendo la segunda parte del reportaje:

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