Danza integrada: el movimiento como forma de integración

“La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo” (Isadora Duncan, bailarina y coreógrafa)

La danza expresa y comunica a través del movimiento. Los niños que presentan alguna discapacidad física o mental encuentran en la danza integrada un espacio donde ejercitar su cuerpo y expresar sus sentimientos y emociones. La danza integrada reúne a niños con y sin discapacidad, y crea un espacio común donde el movimiento se utiliza como forma de integración. Este tipo de danza ofrece numerosos beneficios a todos los niños que participan en las clases, presenten o no alguna discapacidad, ya que supone un aprendizaje a todos los niveles.

¿Qué es la danza integrada infantil?

La danza integrada infantil es aquella danza donde los procesos de aprendizaje y de creación se dan en grupos mixtos de niños con y sin discapacidad. Sin embargo, y como señala Sonia González, bailarina y profesora de danza para personas con habilidad mixta, hay grupos que se forman solo con niños discapacitados. Incluso, en algunas ocasiones, los propios acompañantes de los alumnos participan en estas clases para ayudarles.

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En esta forma de concebir la danza, las diferencias entre los niños se difuminan y se aceptan todos los cuerpos. “Hacer danza integrada con gente que no tiene discapacidad nos iguala a todos, elimina las posibles diferencias que parezca haber”, explica Sonia González, también profesora de danza infantil en la escuela de danza Pilar Sánchez de Elche.

La danza integrada como terapia

Los niños que presentan alguna discapacidad física o mental encuentran en la danza un espacio donde ejercitar su cuerpo y expresar sus sentimientos y emociones. La danza integrada va un paso más allá de la danza tradicional, e intenta potenciar y desarrollar el lado sensorial y emocional de los niños, además de trabajar también la parte física.

“Los saco de la silla, los pongo en el suelo, los hago respirar, sentir, tomar conciencia de su cuerpo, de cómo están ese día”, relata la profesora de danza integrada Sonia González. Después de ello, los alumnos realizan ejercicios de movilidad y de estiramientos, casi siempre a través de imágenes.

Circle handsUn método de trabajo que también utiliza Daniela Barbeito, bailarina y profesora de DanceAbility –metodología de danza inclusiva, creada en  1987 en EEUU, y nombre por el cual se conoce a la danza integrada en EEUU-: “Es muy recomendable que en las clases con los más pequeños se añadan imágenes, pequeñas historias o situaciones de juego que sirvan de base para realizar movimientos”.

Sonia González, quien también fue bailarina de la compañía de danza integrada Karen Person and dancers, señala que hay muchos métodos de trabajo a la hora de dar las clases, sin embargo, afirma que la técnica Feldenkrais es muy adecuada para la gente discapacitada, ya que consiste, en un aprendizaje de la sensación, es decir, una educación del sentido del movimiento. “Ni es una gimnasia, ni es una terapia”, aclara.

De lo sensorial a lo físico

Como explica Patricia Ruz, bailarina, profesora y especialista en danza con discapacitados, en la danza integrada se trabajan los mismos conceptos que en la danza tradicional: la coordinación, el ritmo, la espacialidad, la musicalidad o la técnica corporal, entre otros. Idea que apoya la bailarina, coreógrafa y profesora Sonia González, quien, además, añade que “también se trabaja la improvisación y el movimiento personal”.

Sin embargo, y a pesar de que se trabajan los mismos conceptos que en la danza, la manera de presentar y de exponer las clases es muy diferente, ya que el objetivo no es mejorar la técnica de la danza, sino potenciar la parte sensorial y emocional. “Las clases se presentan como una oportunidad para que los niños se sientan bien y vean la danza como algo positivo, como una manera de divertirse y expresarse”, afirma Fanny Blasco, directora de la Academia de Baile Fanny Blasco y profesora de danza para personas con discapacidad.

Beneficios a nivel físico y mental

Las actividades que se realizan en las clases aportan beneficios integrales a todos los niños que participan en ellas, tengan alguna discapacidad o no. “La danza integrada aporta todo lo rico que ofrece la danza a las personas: ayuda a tener conciencia de tu cuerpo, a desarrollar la inteligencia corporal y a mejorar muchas funciones psíquicas”, revela Patricia Ruz, bailarina, danzaterapeuta y especialista en danza con discapacitados.

Además, como especifica la profesora Fanny Blasco, gracias a la práctica de la danza los niños desarrollan su musculatura y fortalecen su resistencia y su capacidad pulmonar. Además, añade que el aprendizaje de los pequeños movimientos, pasos y coreografías les hace ejercitar y mejorar su memoria. “También mejoran muchísimo en sus enfermedades y en sus rigideces”, completa la profesora de danza integrada infantil Sonia González.

Aumenta la confianza en sí mismos

En cuanto a la parte social y afectiva, Fanny Blasco revela que las clases ayudan a los niños a relacionarse con el resto de compañeros. “Se refuerza la autoestima y la confianza en ellos mismos y en los demás”, explica.

feldenkrais niñosPara conseguir que el grupo se relacione entre sí y fomentar los lazos entre los compañeros, se realizan muchas combinaciones de ejercicios entre ellos. “Lo importante es partir del común denominador del grupo, para incluir a todos los participantes y bailar juntos desde lo que cada uno puede”, destaca la profesora de danza integrada infantil Daniela Barbeito.

Además de ello, la también profesora de danza para niños con discapacidad Sonia González agrega que las clases “llenan espiritualmente a los alumnos”, porque pueden hacer cosas que ni siquiera pensaban que podían hacer.

“Se crea un vínculo afectivo entre ellos muy grande, incluso cuando les sale algún trozo de coreografía, o simplemente ven que algo les sale bien, vienen a celebrarlo con un grandísimo abrazo. Es entonces cuando te das cuenta de lo mucho que significa para ellos llegar a conseguir lo que le propones”, explica entusiasmada Fanny Blasco. Una curiosidad que también coindice en destacar la profesora Sonia González: “Los logros son un motivo de fiesta”.

Maribel Velasco, licenciada en Psicología Clínica y psicóloga en la Asociación para la discapacidad Manantial, destaca que la danza integrada es una “experiencia positiva”, tanto para los niños con discapacidad como para los niños sin discapacidad. Y, además, añade que las diferencias pueden resultar enriquecedoras, ya que se trata de una actividad donde el aprendizaje es mutuo. “No solo se mejora la condición física, sino también los aspectos emotivos-afectivos, sociales y cognitivos”, subraya.

La danza integrada ha supuesto, por tanto, un espacio de encuentro entre niños con y sin discapacidad, donde el movimiento se utiliza como forma de integración.

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Influencia de la danza en las distintas etapas del desarrollo psicomotor del niño

“Un cuerpo débil debilita al espíritu” (Jean-Jacques Rousseau)

Durante la edad infantil (0-12 años) la práctica dancística se estructura en varias etapas, que se establecen según la edad y el desarrollo físico de los niños. Esto es así para que la danza pueda potenciar unas habilidades concretas en cada fase. Sin embargo, y con motivo de que durante estas edades la práctica de la danza no está regulada oficialmente, cada escuela organiza los grupos de edad atendiendo a su criterio –que suele regir por edad y por nivel de desarrollo físico-. Aun siendo de este modo, las etapas del desarrollo psicomotor del niño establecidas por Piaget en el siglo XX, son una buena delimitación para estudiar la influencia y beneficios de la danza en la edad infantil.

Sus primeros pasos

De 0 a 2 años: etapa sensoriomotora

En esta primera etapa, el niño experimenta el mundo a través de los sentidos, por lo que las clases de danza se basan en juegos sensoriales dirigidos a estimular a nivel físico las sensaciones. Como recoge el Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte Pablo Pozo Rosado en su estudio titulado ‘Desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices en la Educación Física escolar’, esta es la etapa donde el niño aprende a gatear, a sentarse, a dar sus primeros pasos, y a controlar su cuerpo.

De ese modo, las actividades dancísticas se centran en que el niño siga pequeños ritmos y se meza, además de que conozca cómo responde su cuerpo a las estimulaciones. “El niño no conoce el significado de música, ni siquiera sabe controlar su cuerpo, pero empieza a identificar ritmos, y le resulta agradable, por su desarrollo físico y social, hacer sus primeros movimientos, aunque no sean del todo armónicos”, expone la Doctora en Psicología y profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez. También es importante que durante esta etapa las clases se realicen en compañía de los progenitores, ya que hasta la siguiente fase no empiezan a soltar el lazo parental.

Control de movimientos

De 2 a 6 años: etapa preoperacional

Durante esta etapa es muy importante y beneficioso para su desarrollo practicar actividades que fomenten el movimiento y la coordinación. En estas edades, las actividades se centran en desarrollar la motricidad gruesa y la motricidad fina. Es decir, la capacidad para ejecutar movimientos generales, cambiar la posición del cuerpo y mantener el equilibrio, así como la capacidad para realizar movimientos mucho más concretos, como actividades que requieren la coordinación ojo-mano y la coordinación de los músculos cortos. “La danza es un ejercicio muy completo porque el niño ejecuta acciones que implementan varios movimientos, lo que le hace tener un control más organizado”, señala la profesora de Psicología del Desarrollo Cordelia Estévez.

Del mismo modo, el niño está en una etapa de descubrimiento, y los ejercicios dancísticos están dirigidos a fomentar el conocimiento de su cuerpo para que sea capaz de controlarlo. Además, como recoge Pablo Pozo Rosado en su estudio, durante esta etapa se ejecutan ejercicios para trabajar la distinción entre la derecha y la izquierda (lateralidad), y se realizan movimientos que implementan diferentes tiempos y ritmos para que el niño sepa estructurar de forma más específica sus movimientos.

Para fomentar aún más la coordinación, en este periodo empiezan a realizarse ejercicios grupales donde el niño ha de actuar en consonancia con sus compañeros. “El baile en grupo es recomendable a estas edades, puesto que es más completo y requiere más coordinación. Además, resulta beneficioso para su desarrollo social y emocional”, explica Cordelia Estévez.

Consolidación física

De 6 a 12 años: etapa de operaciones concretas

La última etapa infantil es fundamental para definir y afianzar todas las habilidades adquiridas en las fases anteriores, por lo que se introducen danzas más complejas. Es en este periodo cuando el niño acaba de reconocer su cuerpo: sabe qué dimensión tiene y cómo controlarlo. Como asegura Cordelia Estévez: “En el proceso de conocimiento corporal la danza tiene una influencia muy positiva”.

Además de ello, y tal y como explica Mónica Elena Moreno Rebolledo, Licenciada en Pedagogía de la Danza, en su tesis de 2007 titulada ‘La danza clásica como una disciplina que favorece el desarrollo cognitivo de niñas/os entre 5 y 10 años. Estrategias didácticas para su enseñanza”, en esta etapa los profesores de danza deben trabajar actividades que permitan al niño sentar las bases físicas que necesitará para las etapas posteriores. De ese modo, se empieza a trabajar la estabilidad articular, la fuerza y los abdominales, entre otras.

Es muy importante que durante las dos primeras etapas la práctica dancística se desarrolle en un ambiente lúdico, de libertad y creatividad, ya que más bien se trata de clases de expresión corporal o de iniciación a la danza. Es al final del último periodo cuando las clases deben ser más estructuras, instructivas y disciplinadas.

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